Rosa Reeder
Poeta que considera el portal su segunda casa
El viento, travieso y ligero, acariciaba las hojas como si compartiera secretos olvidados. Cada ráfaga llevaban consigo risas infantiles, promesas de aventuras y ecos de sueños. En un rincón del parque, una niña cerró los ojos, escuchando atentamente. "¿Qué me dices?", preguntó al aire. Y el viento, juguetón, le respondió con un suave susurro: "Sigue corriendo, sigue soñando, el mundo es tuyo para explorar." Con una sonrisa, ella abrió los ojos y, como si el viento la guiara, emprendió el vuelo de su propia imaginación.