BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
El terrible miedo
el pavor contrito
la mezcolanza inédita
los llantos como sumisos esclavos,
las patagónicas
declinaciones, los deltas iracundos,
las penumbras, los gestos, los rincones.
Lo que queda, lo que resta, de tiempo,
un corcel que proyecta su vida en solitario.
Una rabia procedente de quién sabe dónde.
Y ese inmundo silencio que protege a la víctima.
No saber, no saber, ah, decir, basta, y que
la calma se concrete. Esquivar las balas,
el heno, las escorias minúsculas, los eriales
destrozados por manos bondadosas, las pistas
destinadas a destruir un corazón honrado.
©
el pavor contrito
la mezcolanza inédita
los llantos como sumisos esclavos,
las patagónicas
declinaciones, los deltas iracundos,
las penumbras, los gestos, los rincones.
Lo que queda, lo que resta, de tiempo,
un corcel que proyecta su vida en solitario.
Una rabia procedente de quién sabe dónde.
Y ese inmundo silencio que protege a la víctima.
No saber, no saber, ah, decir, basta, y que
la calma se concrete. Esquivar las balas,
el heno, las escorias minúsculas, los eriales
destrozados por manos bondadosas, las pistas
destinadas a destruir un corazón honrado.
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