El tiempo, tesoro eterno que nunca cesa
Desconsuelo, que consume nuestra alma
Soga que se desfleca hasta que se quiebra
Cauce que lleva al olvido nuestra agua
Rebosante de sentimientos que se van
Que no vuelven, que se desvanecen
Hasta quedar en despojos roídos
Como calima en el invierno, desflorece
Nuestro longevo mirar, presencia
Doloridos que se van, Dolidos que se quedan
Y que en el abismo algún día, postergaran
El tiempo, que algunos quieren que discurra
Para alzarse con consuelos, que perdidos
Menguan, se esconden pero no desaparecen
Ese gran vigor, imposible de dominar
Impalpable, pero a la vista está
Sobre nuestra testa se nubla
Y como el cielo plomizo se muda.
En nuestro gesto se agravian sus cicatrices
Imposibles de encubrir, a la vista de nuestros ojos
Como la llave que desnuda el cerrojo
De nuestro anhelado edén
Es esa desalmada y temible fuerza
Que Nosotros creamos y que nos pulverizara
El tiempo, ya no es miedo para mí
Su perpetua vejez, anubla en ecos tu carmín
Tú eres el tesón de mi mocedad
son tus besos mi elixir de pubertad
Y alcanzar la letanía del firmamento
Aferrado a tu lecho, Invicto en infinitas esferas
Porque no es el tiempo deidad
Para alejarte de mí
Desconsuelo, que consume nuestra alma
Soga que se desfleca hasta que se quiebra
Cauce que lleva al olvido nuestra agua
Rebosante de sentimientos que se van
Que no vuelven, que se desvanecen
Hasta quedar en despojos roídos
Como calima en el invierno, desflorece
Nuestro longevo mirar, presencia
Doloridos que se van, Dolidos que se quedan
Y que en el abismo algún día, postergaran
El tiempo, que algunos quieren que discurra
Para alzarse con consuelos, que perdidos
Menguan, se esconden pero no desaparecen
Ese gran vigor, imposible de dominar
Impalpable, pero a la vista está
Sobre nuestra testa se nubla
Y como el cielo plomizo se muda.
En nuestro gesto se agravian sus cicatrices
Imposibles de encubrir, a la vista de nuestros ojos
Como la llave que desnuda el cerrojo
De nuestro anhelado edén
Es esa desalmada y temible fuerza
Que Nosotros creamos y que nos pulverizara
El tiempo, ya no es miedo para mí
Su perpetua vejez, anubla en ecos tu carmín
Tú eres el tesón de mi mocedad
son tus besos mi elixir de pubertad
Y alcanzar la letanía del firmamento
Aferrado a tu lecho, Invicto en infinitas esferas
Porque no es el tiempo deidad
Para alejarte de mí
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