En la cornuda noche de mefistofélico semblante,un traidor de hondura insondable contaba bajo la bujía de su casa de paja las pocas monedas de plata con las que había vendido un ídolo de piedra,que le había dado todo excepto sexo.El muy vil estaba enardecido y consternado.Salió por la puerta podrida a la intemperie,bien abrigado,y se topó helado con su doble,el cual,cual Pan embriagado,le hacía muecas obscenas para hacerle perder la paciencia.En un primer momento creyó que estaba soñando,pero cuando le golpeó con una zarpa afilada en la mejilla rosácea de afeminado ser y vio correr la sangre purpúrea de su obsoleto rostro,ya no se lo tomó a broma.Se abalanzó sobre él y,cuando ya creía que lo tenía maniatado,se encontró envuelto en una sarta de harapos mugrientos,sin restos de vida carnal u ósea,mientras el gallo cantaba fantasmal el paso presuroso de la ambigua e irónica aurora.