Arnaldo
Poeta recién llegado
Se oye un tembloroso y pobre traqueteo,
por el galopar de un frágil corazón herido.
Sigo esta marcha erguido,
aunque presienta un temple hastío.
Cuánto tiempo he de esperar perdido,
fantaseando en rugosa ancianidad del tiempo,
que forjemos este futuro entre los dos,
sin vanos prejuicios, solo tu conmigo.
La edad no tiene sombras, no tiene abrigo.
Es muy frío estar tan solo, tan callado y sombrío.
Todo lo oscuro y oculto daré por terminado,
si en verdad este sentimiento raro está naciendo.
Desde el fondo de mi pecho algo fuerte está pariendo,
aunque no tiene cara de niña, no tiene cara de niño.
¿Será un suspiro, será un llanto o una ilusión que aspiro?
Tu belleza no tiene excusas, a esta altura con locura la confundo.
Trato de no querer lo que siento,
suplico no sentir lo que quiero.
Busco mirar a otros rosas, para que no pienses que te veo.
Ya que no ha de ser prohibido todo aquello tan bueno,
pero cuando no quiere ser mía aquella flor que anhelo,
es porque la cosecha ha de ser de otro jardinero.
Si no pretendes ser flor en este campo mío,
he de vivir eterno en las noches, donde sueño que te tengo.
El tren suele parar unas pocas veces por el camino,
si no hay pasajeros al llegar, sigue su marcha hasta la siguiente estación.
por el galopar de un frágil corazón herido.
Sigo esta marcha erguido,
aunque presienta un temple hastío.
Cuánto tiempo he de esperar perdido,
fantaseando en rugosa ancianidad del tiempo,
que forjemos este futuro entre los dos,
sin vanos prejuicios, solo tu conmigo.
La edad no tiene sombras, no tiene abrigo.
Es muy frío estar tan solo, tan callado y sombrío.
Todo lo oscuro y oculto daré por terminado,
si en verdad este sentimiento raro está naciendo.
Desde el fondo de mi pecho algo fuerte está pariendo,
aunque no tiene cara de niña, no tiene cara de niño.
¿Será un suspiro, será un llanto o una ilusión que aspiro?
Tu belleza no tiene excusas, a esta altura con locura la confundo.
Trato de no querer lo que siento,
suplico no sentir lo que quiero.
Busco mirar a otros rosas, para que no pienses que te veo.
Ya que no ha de ser prohibido todo aquello tan bueno,
pero cuando no quiere ser mía aquella flor que anhelo,
es porque la cosecha ha de ser de otro jardinero.
Si no pretendes ser flor en este campo mío,
he de vivir eterno en las noches, donde sueño que te tengo.
El tren suele parar unas pocas veces por el camino,
si no hay pasajeros al llegar, sigue su marcha hasta la siguiente estación.
::