Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Los labios suenan como los ángeles, en aquel beso.
Ahora, ya formando parte de mi memoria, un roble viejo y endeble se enrraiza a mi yugular.
Sus latidos son largos y profundos, y como en un laboratorio de cabelleras perdidas, me nacen trenzas en la boca.
Soy como un vampiro que ataca mujeres desaparecidas.
Asi funciona mi pensamiento, como una dimensión fantasma.
Mientras busco brusquedad en mi mirada, la líbido se acomoda en mi escritorio.
Ahora, ya formando parte de mi memoria, un roble viejo y endeble se enrraiza a mi yugular.
Sus latidos son largos y profundos, y como en un laboratorio de cabelleras perdidas, me nacen trenzas en la boca.
Soy como un vampiro que ataca mujeres desaparecidas.
Asi funciona mi pensamiento, como una dimensión fantasma.
Mientras busco brusquedad en mi mirada, la líbido se acomoda en mi escritorio.