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El último vuelo del cóndor

Kein Williams

Poeta fiel al portal
En las montañas nevadas
de la cordillera andina
el amor empezaba
a juntar dos vidas.

Munay, la ojos de cielo,
que pastoreaba sus llamas
vio de pronto a un jovenzuelo
que impresionado la miraba.

Kuntur, el niño de la quebrada,
había descubierto su destino
y en silencio la contemplaba
segundos que parecían siglos.

Yaw qhosi ñawicha,
¡Oye! Ojitos turquesa,
anchata qhawapayawaspan,
me miran mucho, frecuentemente,
sonqoyta suwashawanki.
me estás robando el corazón.

Kawsaynita kusichishanki
Estás alegrando mi vida
sapa qanta qhawaqtiymi
cada vez que te miro
sonqoy phatakin
mi corazón se sobresalta
sapa qanta much’ayuqtiymi,
cada vez que te beso (con ternura)
mana yuyanichu ni sutiytapis.
no recuerdo ni mi nombre.

Ella le esboza sonrisas
que le llegan al momento
hasta que de pronto un día
unificaron sentimientos.

Vivían en su humilde casita
en la cima de la montaña
Munay, la mujer más linda,
Kuntur, el niño que la amaba.

Un día él partió al pueblo
para comprar las semillas
ella esperaba un pequeño
que era su mayor alegría.

Prometiendo un pronto retorno
Kuntur bajó al pueblo cantando
sin saber que todos los demonios
su suerte estaban apostando.

Alguien dijo que él era
aquel que mató a un fulano
enardecida la turba entera
quería justicia con sus manos.

Cinco años pasaron volando
y él era un convicto entre rejas
sin sentencia y sin un abogado
sin esposa y un hijo desconocido.

Munay no puede con la sequía
y decide recurrir a la gente
por las calles monedas pedía
para amagar a la muerte.

Un día desde su ventana
Kuntur ve el rostro conocido
allí Munay en la esquina cantaba
sosteniendo en sus brazos al niño.

Watukuykin tukuy sonqoywan.
Te extraño con todo mi corazón
kutimuy munasqay yanacha,
vuelve mi querido negrito
suyashaykin waqay ñawiywan,
te espero con ojos llorosos,
qanllapunin kaypi kasqankite so,
absolutamente tú nomás habias estado aquí
suyashaykin kay kasqallanpi,
te estoy esperando en donde siempre
saqewasqaykipi
me dejas
Ay sonqollay
¡Ay corazoncito mio!
imaynatataq munaranki
¿Y cómo así querias
chay qhosi ñawichata?
a esos ojitos turquesa?
kunanhina waqaspa purinaykipaq
para caminar llorando como ahora lo haces.

Chiripas wayrapas
El frio y el viento,
intipas killapas
el sol y la luna,
asirikuspan niwan
riéndose me dicen:
Amaña waqaychu
«Ya no llores
chay rumisonqo waynamanta
por ese joven indolente» (corazón de piedra).

¡No te he abandonado!
Grita entre los barrotes
me han encerrado
estos hombres.

Y así pasan otros doce años
en la cárcel del centro
a los dos ha buscado
pero los dos han muerto.

El frío y el hambre
le quitaron sus vidas
y sintió desgarrarse
hasta la última fibra.

Lo veían en el pueblo
vagando cual alma en pena
el veneno es el recuerdo
que recorre sus venas.

Un día no pudo más su angustia
y se fue hacia la cordillera
escondido en una gruta
a la muerte espera.

Un día de pronto escuchó
un quejido escondido en el viento
estaba seguro que era su voz
la que le estaba diciendo.

Ama waqaychu! (¡No llores!).
Maskaway! (¡Búscame!).
Warmayanay? (¿Mi amada?).
Kuyaiki! Te amo!).
Llakikuykim! (¡Me haces falta!).
Kuyakuykim! (¡Te quiero!).
Yuyaykim! (¡Te recuerdo!).
Yayaymanaykim! (¡Siempre pienso en ti!).

Tukuy sunquywan waylluyki! (¡Te adoro con toda mi alma!).
Sunquypi apikuyki! (¡Te llevo en mi corazón!).
Chincachykuyki! (¡Te he perdido!).
Ch'usaqchakuiyki! (¡Te extraño!).

Y la voz nuevamente le decía:
Ñuqawan kayta munankichu? (¿Quieres estar conmigo?).
Kanwan kasaq. (Estaré contigo).
-Tupananchiskama. (Hasta que la vida nos vuelva a encontrar)
-Kawsayta hamuy rikurisun! (¡Nos vemos en la próxima vida!)

Entonces Kuntur de la quebrada
busco el risco en el punto más alto
había decidido buscar a su amada
y se preparaba para dar el salto.

Mirando en el horizonte
ve como el sol sale de repente
brillando en su piel de bronce
como un inca imponente.

Entonces da el último paso
y realiza el salto suicida
así extiende los brazos
despidiéndose de la vida.

Y mientras cae en picada
ve a su lado al majestuoso cóndor
diciendo con sus alas replegadas
"Nos vemos allá en el fondo".

Dos golpes no son escuchados
el dolor que ha desaparecido
Kuntur y el cóndor alado
ahora han trascendido.

Y en otro plano existencial
el cóndor vuela otros cielos
al lado de su otra mitad
que acompaña su vuelo.

Y Kuntur sube la quebrada
para unir dos partes del corazón
para ver a su hijo y su bien amada
diciendo solo una palabra:
"Munay!", "¡Amor!".
 
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