Vevero
Poeta reconocida en el portal
El abismo que ciñe, estrecha, mi cadera entre sus manos suaves,
¿de mí, qué desea?
La escarcha de mi sangre apabullando una escena
donde el hielo de mis huesos frágilmente desintegra
el escaso gozo ausente del deseo en esquelas,
¿de mí, qué espera?
El usufructo austero que hago de mi cuerpo, naufragando en orgasmos
que yo no consiento,
en este tálamo mustio, cada vez más desierto,
¿de mí, qué deja?
La acidez de la boca que besa ponzoñosa estos labios, mis labios;
esta boca, mi boca,
distante de mi esencia ultrajada y silenciosa,
¿de mí, qué encuentra?
Este obsceno letargo que lentifica el proceso;
que me deja huérfana de mis propios anhelos;
que pasiva contempla (con otros ojos ajenos) como tiño de oscuro todo lo que yo siento;
que convierte en bilis, ¡tan abominable!, el dulce presagio de las alas de un ángel
¿Serán solo extractos de un destino siniestro o llegará la mañana y sabré que he muerto?
¿de mí, qué desea?
La escarcha de mi sangre apabullando una escena
donde el hielo de mis huesos frágilmente desintegra
el escaso gozo ausente del deseo en esquelas,
¿de mí, qué espera?
El usufructo austero que hago de mi cuerpo, naufragando en orgasmos
que yo no consiento,
en este tálamo mustio, cada vez más desierto,
¿de mí, qué deja?
La acidez de la boca que besa ponzoñosa estos labios, mis labios;
esta boca, mi boca,
distante de mi esencia ultrajada y silenciosa,
¿de mí, qué encuentra?
Este obsceno letargo que lentifica el proceso;
que me deja huérfana de mis propios anhelos;
que pasiva contempla (con otros ojos ajenos) como tiño de oscuro todo lo que yo siento;
que convierte en bilis, ¡tan abominable!, el dulce presagio de las alas de un ángel
¿Serán solo extractos de un destino siniestro o llegará la mañana y sabré que he muerto?
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