Esterilizado el viejo achacoso,ya no podía jugar con el estrepitoso y sexual rezo del verbo divino hecho carne.Se inflamaba entonces con las nubes a punto de tronar,y las ingería como un loco puritano,mientras que de sus narices manaba sangre impura a raudales.Clamaba entonces,como un fantoche difuminado por la llama obtusa de una negra vela,contra la sacro santa inocencia del cielo encapotado que escondía,el muy pillo,un azul inmenso que haría las delicias de ojos sedientos de eternidad.El anciano decidió caparse,pues su miembro ya no estaba en condiciones de procrear.Fue un acto que él mismo realizo con una herrumbrosa hoz aguileña de santa intemperie condenada.Después del cruel acto ya no fue el mismo.Se sentía como un gusano rastrero al que el zapato destartalado de Dios lo había hundido en la más miserable de la limosa charca;donde verdes sapos cubiertos con pus croaban avariciosos,mientras el octogenario berreaba de santa vergüenza por la humillación más profunda y senilmente sentida que un rastrero humano podría haber experimentado en toda su vida.