"El viejo oficio de contemplar la luna"

-JV-

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"El viejo oficio de contemplar la Luna"


El acto de contemplarla encierra en sí mismo
muchas y diversas facetas, que se reflejan en
uno mismo.Por ejemplo, a veces su brillantez es
muy blanca. En otras ocasiones es muy amarilla;
rodeada de ese velo diamantino que a veces tiene,
pues el contraste con el fondo celeste es diverso.
En ocasiones, las nubes le dan una enorme magnificencia,
en otras, el simple techo lo usa para servir de musa y de
inspiración a tantos y tantos seres que disfrutamos su presencia
antes de que cubra la noche su transcurso; en la madrugada,
muchas veces antes de salir el sol.
Es una relación estrecha, pero sin posesión.
Porque no puedes tenerla, parece contradicción.
Pero la vida es una contradicción.
La Luna es mi vieja consejera, mi amiga en los
graves momentos. Mi amante más apasionada,
mi novia más recatada, mi confidente más
cercano y mi paño de làgrimas más buscado.
Si estoy alegre, si estoy triste, si estoy melancólico,
si estoy melodramático.
Nunca me juzga,
nunca lo hace.
Su solitario caminar en la bóveda celeste, le hace más atractiva que nunca.
El que no le dé alcance el sol, para unos es deprimente y hasta luna puta es.
Pero para otros como yo, es fabuloso.
Porque la tenemos y no la tenemos,
pero cuánto la disfrutamos, cuanto la saboreamos.
Cuánta utilidad le ha dado a nuestra vida.
Ha curado heridas graves y leves del corazón.
Ha hecho despegar hasta su altura
amores tiernos y hermosos.
Ha detonado pasiones borrascosas y
en ocasiones muy tormentosas.
¡Cuánto ha provocado la bella Luna!
Desde motivar la práctica del fornicio
en sus más variadas y profusas formas;
hasta lograr convencer al ser amado,
de lo que significa para tí.
Manteniéndose como fondo ambiental
la misma Luna.
Durante centurias, mucha gente le ha dedicado millones de cuartillas.
Y sin embargo. ella sigue tan presente, tan campante, tan fresca y rozagante,
tan bella y tan hermosa. tan enigmática y tan atrayente como nunca y como nadie.
Y también te deja, si las quieres asimilar grandes y enormes lecciones.
Ha enseñado a mi alma a vivir el hoy
tan intensamente como si fuera el último día
de mi existencia,
tal y como lo hace ella:
Con nubes, sin nubes,
con mal tiempo,
con buen tiempo,
no importa lo que venga
o como venga.
Así de práctica y objetiva es
mi amada y bella Luna.





00:36 AM
03-03-2004
JV
 
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