lluvia de enero
Simplemente mujer
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Elizabeth Azcona Cranwell (1933-2004) Poeta, narradora, articulista, traductora y crítica literaria argentina, nacida el 10 de marzo de 1933 en Buenos Aires.
Se recibió en la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Se desempeñó además como docente, dictando talleres y seminarios. Elizabeth fue compañera de estudios de Alejandra Pizarnik con quien cultivaría una entrañable amistad.
Le gustaban los poetas Paul Eluard y Antonin Artaud. Su estilo se enmarca dentro de la poesía surrealista, y denota influencias de Olga Orozco. Fue también una destacada narradora que supo depurar el lenguaje de todo lo accesorio o lo superfluo.
Entre sus libros de poesía se encuentran: Capítulo sin presencia (1955); La vida disgregada (1956); Los riesgos y el vacío (1963); De los opuestos (1966), Primer Premio Municipal de Poesía y Primer Premio Fondo Nacional de las Artes; Imposibilidad del lenguaje o los nombres del amor (1971); Anunciación del mal y la inocencia (1978); Las Moradas del Sol (1987); El escriba de mirada fija (1990); El reino intermitente (1997) y Antología, editada en 2002 por el Fondo Nacional de las Artes. Dictó talleres y seminarios. Fue colaboradora del diario La Nación como Crítica Literaria. Tradujo poemas de William Shand, los poemas completos de Dylan Thomas y cuentos de Edgar Allan Poe. También recibió importantes premios por su obra narrativa. Falleció en Buenos Aires el 02 de diciembre de 2004.
Datos biográficos extraídos de: http://es.wikipedia.org/wiki/Elizabeth_Azcona_Cranwell
****************
NOSTALGIA
Hay un día en que las cosas son un hondo precipicio
conozco el rostro húmedo y las manos que nunca me abandonan
la noche que se abre
como un pueblo de alondras disperso en la tormenta.
Yo he escuchado a mi amor desde lejos en una lengua extraña
mientras la nostalgia murmuraba sus frases de curiosa hechicera
ella alargaba sus caricias en las ventanas del insomnio
como una huésped cuya mano asolaba el relámpago.
Porque ella no era el día
y tampoco era el ángel sediento de palabras
mi propia voz la nombra como a una desterrada
desabrigada madre, de pechos dulcemente vacíos.
Más allá de la noche donde se enciende la ternura
más allá de la calle donde el viento deshace la forma de los pasos
sé que hay un país nuevo, cansado de las sombras.
Una música fija
un tiempo de colores intensos como dioses desnudos.
Pero mi corazón sigue clavado para siempre en los sitios imposibles.
SI EL ESPACIO ES DISTANCIA
Quizá porque era invierno entonces
con persistencia de hojas concluidas
invierno no elegido
apenas un lugar para partir el vino
y entender esa zona baldía
entre el vértigo y toda permanencia.
Cualquier forma de hablar nos fue lejana
porque siempre ignoré tu despertar
caído desde un sueño mutable
tu despertar tan nuevo en la memoria
como es nuevo el amar
y otro el murmullo de la nieve
ahora que otra vez es invierno
en un pronto país desconocido
y hemos quedado a espaldas del amor.
Quizá porque mis manos son de muro
y me apartan de ti
manos libres que nunca quisieron apresarte
acaso aquel furor huyó
por la pared de vidrio entre mis dedos.
Elizabeth Azcona Cranwell (1933-2004) Poeta, narradora, articulista, traductora y crítica literaria argentina, nacida el 10 de marzo de 1933 en Buenos Aires.
Se recibió en la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Se desempeñó además como docente, dictando talleres y seminarios. Elizabeth fue compañera de estudios de Alejandra Pizarnik con quien cultivaría una entrañable amistad.
Le gustaban los poetas Paul Eluard y Antonin Artaud. Su estilo se enmarca dentro de la poesía surrealista, y denota influencias de Olga Orozco. Fue también una destacada narradora que supo depurar el lenguaje de todo lo accesorio o lo superfluo.
Entre sus libros de poesía se encuentran: Capítulo sin presencia (1955); La vida disgregada (1956); Los riesgos y el vacío (1963); De los opuestos (1966), Primer Premio Municipal de Poesía y Primer Premio Fondo Nacional de las Artes; Imposibilidad del lenguaje o los nombres del amor (1971); Anunciación del mal y la inocencia (1978); Las Moradas del Sol (1987); El escriba de mirada fija (1990); El reino intermitente (1997) y Antología, editada en 2002 por el Fondo Nacional de las Artes. Dictó talleres y seminarios. Fue colaboradora del diario La Nación como Crítica Literaria. Tradujo poemas de William Shand, los poemas completos de Dylan Thomas y cuentos de Edgar Allan Poe. También recibió importantes premios por su obra narrativa. Falleció en Buenos Aires el 02 de diciembre de 2004.
Datos biográficos extraídos de: http://es.wikipedia.org/wiki/Elizabeth_Azcona_Cranwell
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NOSTALGIA
Hay un día en que las cosas son un hondo precipicio
conozco el rostro húmedo y las manos que nunca me abandonan
la noche que se abre
como un pueblo de alondras disperso en la tormenta.
Yo he escuchado a mi amor desde lejos en una lengua extraña
mientras la nostalgia murmuraba sus frases de curiosa hechicera
ella alargaba sus caricias en las ventanas del insomnio
como una huésped cuya mano asolaba el relámpago.
Porque ella no era el día
y tampoco era el ángel sediento de palabras
mi propia voz la nombra como a una desterrada
desabrigada madre, de pechos dulcemente vacíos.
Más allá de la noche donde se enciende la ternura
más allá de la calle donde el viento deshace la forma de los pasos
sé que hay un país nuevo, cansado de las sombras.
Una música fija
un tiempo de colores intensos como dioses desnudos.
Pero mi corazón sigue clavado para siempre en los sitios imposibles.
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SI EL ESPACIO ES DISTANCIA
Quizá porque era invierno entonces
con persistencia de hojas concluidas
invierno no elegido
apenas un lugar para partir el vino
y entender esa zona baldía
entre el vértigo y toda permanencia.
Cualquier forma de hablar nos fue lejana
porque siempre ignoré tu despertar
caído desde un sueño mutable
tu despertar tan nuevo en la memoria
como es nuevo el amar
y otro el murmullo de la nieve
ahora que otra vez es invierno
en un pronto país desconocido
y hemos quedado a espaldas del amor.
Quizá porque mis manos son de muro
y me apartan de ti
manos libres que nunca quisieron apresarte
acaso aquel furor huyó
por la pared de vidrio entre mis dedos.
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