nandez
Poeta recién llegado
Ella lo dejó,
con una sonrisa
pintada en la cara
tan mala y tan falsa,
como su relación.
Y el sonrió,
y con uno de sus ojos,
la miró poco a poco
salir del salón;
y el otro lloró,
porque sabía
porque sonreía
la mujer
con su adiós.
El caminó,
la noche siguiente
como un indigente
por los bares de amor;
y ella burlona,
y de la mano de un tipo
cruzó los caminos,
pa decirle:
bolsón,
ya no me sigas,
buscate otra amiga
pa mojarle el colchón
En la vereda,
y ya sin cigarros,
con una botella
buscando una tienda,
pa mezclarse los tragos.
Bebía de a sorbos,
el dolor de saber
que la mujer sincera
la mujer perfecta,
que creyó conocer,
no era más que una perra
una ordinaria cualquiera
con oficio de amar
y que en una pena,
y la segunda querella
lo dejó por metal;
y así las mañanas
con una que otra falda
sin maña ni saña
lo hicieron levantar.
Al otro verano,
sentado en la meza
con biela y cigarro
la tipa se acerca
sin nadie a su lado,
le dijo te quiero
no te he olvidado
dame algo tiempo
para compensarlo,
el miró su vestido
sus gestos fingidos
y dijo pausado:
ten una gamba,
suspira las ganas,
y sal por favor,
que estoy esperando
una mujer decente
que me ama tanto
como la amo yo
Ella camina
se aleja sin prisa,
un tanto confusa
por la escena difusa
que la aturdió.
Y él se queda
en la silla, en la mesa,
con la misma cerveza
esperando la chica
que se inventó.