César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ella tenía voz de alma. Sin importar si hablaba desde otro país u otro planeta, igual derramaba esa espontánea e inevitable sensualidad de hembra joven. Pero había dolor en la cadencia embriagante de aquel hablar lejano con dulce acento extranjero; podía sentirse, casi podía tocarse.
Él tuvo que levantar algunas barreras dentro de sí mismo pues sus alarmas se encendieron todas, inmediatamente, al escuchar aquello. Se valió de su experiencia adquirida en intensos combates, los más, perdidos. El dolor de una chica es el dolor de una persona, una mujer en ciernes o una mujer completa en estado de sufrimiento. Bueno que ahora sabía mirarse en el espejo antes de contestar.
Dejó de escribir. Se dispuso a tomar el teléfono.
Él tuvo que levantar algunas barreras dentro de sí mismo pues sus alarmas se encendieron todas, inmediatamente, al escuchar aquello. Se valió de su experiencia adquirida en intensos combates, los más, perdidos. El dolor de una chica es el dolor de una persona, una mujer en ciernes o una mujer completa en estado de sufrimiento. Bueno que ahora sabía mirarse en el espejo antes de contestar.
Dejó de escribir. Se dispuso a tomar el teléfono.