Ella llega y es mi cándido sol,
Pero ella sabe que es mucho mejor.
A veces juega de villana
Aunque, en mi absurdo cuento, sea el hada.
Liberales son sus cantos,
En el cado de mis ideales.
No es que sea una virgen
Pero hace milagros de vez en
Cuando.
Y despedaza mi esperanzar,
Con su látigo fiero
Atraviesa mi paladar;
Simulando todos lo goces
De un sabor teo divino
Es elegantiosa, al mirar
Y hasta en su amar.
Derrocha sobras de su
Elegía perpetua en sus pasos,
E inunda mis cavidades con
Sus piadosas manos.
Ella es, pues, mi serpigo matutino;
Mi diosa de cristal
Que penetra sus olores
En mi lloriquear.
No basta la vida, y es
Insuficiente la muerte
Para rendirle pleitesía.
Ella, es mas, que la mirada metálica
De un sol o el fuego incandescente
De Dios.
Es mucho mas.
Aunque le quite un tercio a Dios
De su maná,
Será puesta en el altar
Como la santa mundana
Que es.
Pues ella, se arrodilla ante
La imagen de piedra
Y solloza perdón
Por mis errores en su tierra.
Pero ella sabe que es mucho mejor.
A veces juega de villana
Aunque, en mi absurdo cuento, sea el hada.
Liberales son sus cantos,
En el cado de mis ideales.
No es que sea una virgen
Pero hace milagros de vez en
Cuando.
Y despedaza mi esperanzar,
Con su látigo fiero
Atraviesa mi paladar;
Simulando todos lo goces
De un sabor teo divino
Es elegantiosa, al mirar
Y hasta en su amar.
Derrocha sobras de su
Elegía perpetua en sus pasos,
E inunda mis cavidades con
Sus piadosas manos.
Ella es, pues, mi serpigo matutino;
Mi diosa de cristal
Que penetra sus olores
En mi lloriquear.
No basta la vida, y es
Insuficiente la muerte
Para rendirle pleitesía.
Ella, es mas, que la mirada metálica
De un sol o el fuego incandescente
De Dios.
Es mucho mas.
Aunque le quite un tercio a Dios
De su maná,
Será puesta en el altar
Como la santa mundana
Que es.
Pues ella, se arrodilla ante
La imagen de piedra
Y solloza perdón
Por mis errores en su tierra.