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Mi pequeña y consentida, rosada flor de los campos,
quiero tenerte en mis días de fe, y de temor,
ansío que tus dulces labios un día me den su sabor,
deseo que vengas a mi y me des esos encantos .
Pequeña ninfa de amor, de locuras y prudencias,
llévate en tu regazo, la voluntad que me vive,
destierra de mi esperanza, la mustia fe que me erige
hazme tuyo en un instante, toma de mi, la esencia.
Es tu silueta de niña la que me impone un hechizo,
y esa sonrisa tersa, que enamora y que consuela,
son tus encantos de hembra, los que asustan a mi juicio.
Desde tu pelo a tus pies, te venero en un desquicio,
has logrado en mí un embrujo, que me aviva y me subleva,
tienes el don exquisito de alivianar mis suplicios.
Mi pequeña y consentida, rosada flor de los campos,
quiero tenerte en mis días de fe, y de temor,
ansío que tus dulces labios un día me den su sabor,
deseo que vengas a mi y me des esos encantos .
Pequeña ninfa de amor, de locuras y prudencias,
llévate en tu regazo, la voluntad que me vive,
destierra de mi esperanza, la mustia fe que me erige
hazme tuyo en un instante, toma de mi, la esencia.
Es tu silueta de niña la que me impone un hechizo,
y esa sonrisa tersa, que enamora y que consuela,
son tus encantos de hembra, los que asustan a mi juicio.
Desde tu pelo a tus pies, te venero en un desquicio,
has logrado en mí un embrujo, que me aviva y me subleva,
tienes el don exquisito de alivianar mis suplicios.