DOrmida en el aféizar de la ventana
encuentro a mi alma suspirando escondida
por un amor clandestino entre las nubes
que cohíbe a quien lo vigila.
REcordando de él su sonrisa infinita
su pelo azabache que contradice el día
sus ojos marrones con miradas furtivas
su piel intocable que con paciencia espera
MIxtura sabrosa de sentimientos en la puerta
cuando lo ve pasar con grandes zancadas,
con un dejo de misticismo en la mirada
y en los labios una palabra a medias.
FAcil fue hacer que mi ente se enamorara
de su sombra oscura de chocolate
y del canon que produce la síncopa de sus pasos.
SOLa mi alma en la ventana espera
con los ojos llenos de luz de luna llena
una palabra suya,
de esas de trinchera.
LA noche se lamenta en su alcoba
por no encontrar bajo mi almohada una lágrima fría
Sino más bien chocar con treinta y dos latidos
de mi corazón enagenado de calor.
SImple es pensar en sus perfectas manos
para dejar de ponerle sal a la herida,
y crear un nuevo rasguño y esta vez,
ponerle limón.
DOrmida tranquila mi alma en la ventana
con la certeza de que él vive en este planeta,
en este planeta de agua y rocas
donde también nací yo.
encuentro a mi alma suspirando escondida
por un amor clandestino entre las nubes
que cohíbe a quien lo vigila.
REcordando de él su sonrisa infinita
su pelo azabache que contradice el día
sus ojos marrones con miradas furtivas
su piel intocable que con paciencia espera
MIxtura sabrosa de sentimientos en la puerta
cuando lo ve pasar con grandes zancadas,
con un dejo de misticismo en la mirada
y en los labios una palabra a medias.
FAcil fue hacer que mi ente se enamorara
de su sombra oscura de chocolate
y del canon que produce la síncopa de sus pasos.
SOLa mi alma en la ventana espera
con los ojos llenos de luz de luna llena
una palabra suya,
de esas de trinchera.
LA noche se lamenta en su alcoba
por no encontrar bajo mi almohada una lágrima fría
Sino más bien chocar con treinta y dos latidos
de mi corazón enagenado de calor.
SImple es pensar en sus perfectas manos
para dejar de ponerle sal a la herida,
y crear un nuevo rasguño y esta vez,
ponerle limón.
DOrmida tranquila mi alma en la ventana
con la certeza de que él vive en este planeta,
en este planeta de agua y rocas
donde también nací yo.