En el cáliz de una flor.
Mis manos se fueron quedando quietas
en el infierno de tu piel.
Caldera
horno abrasador.
Carbones mis dedos
al instante de tocarte
deliciosa y pavorosa sensación.
Sacrificio suicida.
Mis ojos dilatados.
Felinos.
Elásticos alcanzando tus confines
se fueron perdiendo
en la llamarada de los tuyos
seductores.
Abismo inevitable
Cárcel perpetua
tu abrazo de brazos y piernas.
Candado mortal y apasionado
que me redujo a nada
en el nido de tu vientre.
Cómo una mosca
diluida
en el cáliz de una flor.
L.O.D.M
Octubre del 2006
Cohelett.
Luis Oswaldo Diaz Mejia.