Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
En el misterio que la piedra esconde
longevos latidos viven sin mordaza
destierros del temor entre los cactus.
Las espinas de la noche nacen
de la aguja de la estrella que las sueña
en la costura de un beso y sus planetas.
El metal de la piel de los moluscos
confunde el artificio seco de su espalda
con lágrimas del ojo que no tiene.
Yo miré desde tu infancia mi pasado
y alboroté los uniformes de inocencia,
dibújeles el verde de las dunas del desierto
al borde del océano con el corazón a cuestas.
El hoy es en mis manos
el rápido mordisco de la ortiga,
el dolor que es poca herida sin la sangre,
abreviatura de la lengua entre los muslos,
principio al fin que no será comienzo,
continuación del nudo que izó toda bandera.
Te siento
y siento el polvo unido de todos los mortales
que vuelven a ser tierra donde cultivar si acaso
una huella tras otra,
raíces y manos.