Nommo
Poeta veterano en el portal
Tú querrías ser mi esposa.
Eres una niña jubilosa.
Como muñeca con aliento de vida propio,
que asciende al árbol frondoso; no para fumar opio.
Estamos estancados, no obstante. No nos podemos mover, y eso es apasionante.
En un bote salvavidas, remando y rimando.
Después del hundimiento del Titánic, que zarpó de Dublín,
y reunía en sus camarotes a lo más granado de Irlanda.
Soy devoto de tus movimientos transcendentales.
Esas miradas, con lenguaje subliminal, y el sentido común que te adorna, dentro de tu cabeza.
Los comentarios que haces, para emitir simples certezas.
Tu cuerpo desnudo, que ahora mismo, está desprotegido.
Mientras los extraterrestres vienen a adueñarse de nosotros.
Para llevarnos a un lejano mundo en el que podremos vivir nuestras vidas...
En otra sociedad. Con otra raza diferente. ¿ Será divertido ?
Nos introducen en su nave espacial. Son nuestros rescatadores.
Parecen humanoides de pelo rubio; espero que no nos usen como cobayas.
Lejos está el témpano de hielo que rasgó, de par en par, el casco del transatlático.
Y las playas de Nueva York, con su río Hudson, cuyos remolinos sorben a muchos bañistas incautos.
¡ Oh, Lorelei ! Bésame, en esta habitación iluminada.
Eres una niña jubilosa.
Como muñeca con aliento de vida propio,
que asciende al árbol frondoso; no para fumar opio.
Estamos estancados, no obstante. No nos podemos mover, y eso es apasionante.
En un bote salvavidas, remando y rimando.
Después del hundimiento del Titánic, que zarpó de Dublín,
y reunía en sus camarotes a lo más granado de Irlanda.
Soy devoto de tus movimientos transcendentales.
Esas miradas, con lenguaje subliminal, y el sentido común que te adorna, dentro de tu cabeza.
Los comentarios que haces, para emitir simples certezas.
Tu cuerpo desnudo, que ahora mismo, está desprotegido.
Mientras los extraterrestres vienen a adueñarse de nosotros.
Para llevarnos a un lejano mundo en el que podremos vivir nuestras vidas...
En otra sociedad. Con otra raza diferente. ¿ Será divertido ?
Nos introducen en su nave espacial. Son nuestros rescatadores.
Parecen humanoides de pelo rubio; espero que no nos usen como cobayas.
Lejos está el témpano de hielo que rasgó, de par en par, el casco del transatlático.
Y las playas de Nueva York, con su río Hudson, cuyos remolinos sorben a muchos bañistas incautos.
¡ Oh, Lorelei ! Bésame, en esta habitación iluminada.
Última edición: