danie
solo un pensamiento...
Se ausculta el silencio tras los pasos palpitantes,
entre sombras empotradas en las murallas de pánico adyacente,
bajo el preludio de las voces y gritos de un horizonte
que se acorta en la lejanía del trayecto.
Acechantes noches de ráfagas de oquedad,
de lumbreras de retahílas como cadenas
que laceran el torso y el cuerpo.
Pies entumecidos, plantados en el cemento,
como raíces de un ébano abrumador
que asola a los pórticos del vetusto sol.
Así, deambulan las almas en el paraje del tiempo,
a la sombra del tétrico ébano
creado por los desarraigados sentimientos,
por la orbe y su vacío polen de luz.
Así, cargo en mis hombros el pesado tiempo,
el ayer y su aerolito de hierro,
su vejez de frío acero;
sin grilletes visibles para los ojos del perdón.
¡Este es mi hogar!
Yo, habito en el paraje del tiempo,
las mazmorras sin llave ni carcelero
pero donde el recuerdo del árido roce de la culpa
es un suspiro lastimero y perpetuo...
entre sombras empotradas en las murallas de pánico adyacente,
bajo el preludio de las voces y gritos de un horizonte
que se acorta en la lejanía del trayecto.
Acechantes noches de ráfagas de oquedad,
de lumbreras de retahílas como cadenas
que laceran el torso y el cuerpo.
Pies entumecidos, plantados en el cemento,
como raíces de un ébano abrumador
que asola a los pórticos del vetusto sol.
Así, deambulan las almas en el paraje del tiempo,
a la sombra del tétrico ébano
creado por los desarraigados sentimientos,
por la orbe y su vacío polen de luz.
Así, cargo en mis hombros el pesado tiempo,
el ayer y su aerolito de hierro,
su vejez de frío acero;
sin grilletes visibles para los ojos del perdón.
¡Este es mi hogar!
Yo, habito en el paraje del tiempo,
las mazmorras sin llave ni carcelero
pero donde el recuerdo del árido roce de la culpa
es un suspiro lastimero y perpetuo...