En la cándida imagen de tu rostro
se intuían caprichos de ultratumba,
donde unidos aunábamos el viento,
se intuían deslices del contraste
en la fiel refracción de tus susurros,
y en mi boca un alud incandescente
de ídolos y de circos imposibles,
la mentira indolora y aceitosa,
se mezclaba en el polvo y en el barro,
la superficie invoca a lo profundo
como un beso de mieles en los labios.
Nunca he sabido amarte como un huésped,
y en mi huella asomaba la memoria
que acompaña el fogoso desencuentro,
que vigila mi paso y mis sentidos.
En el último andén,
ahí pude esperarte,
como algún perro ciego guiado por la lluvia.
Poeta que considera el portal su segunda casa
En la cándida imagen de tu rostro
se intuían caprichos de ultratumba,
donde unidos aunábamos el viento,
se intuían deslices del contraste
en la fiel refracción de tus susurros,
y en mi boca un alud incandescente
de ídolos y de circos imposibles,
la mentira indolora y aceitosa,
se mezclaba en el polvo y en el barro,
la superficie invoca a lo profundo
como un beso de mieles en los labios.
Nunca he sabido amarte como un huésped,
y en mi huella asomaba la memoria
que acompaña el fogoso desencuentro,
que vigila mi paso y mis sentidos.
En el último andén,
ahí pude esperarte,
como algún perro ciego guiado por la lluvia.
Preciosa entrega en la espera de la amada.
Un placer.
Saludos cordiales.
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