pablo_lacroix
Poeta recién llegado
En honor a mi desgracia
Soy el pordiosero de la alegría,
un caníbal inepto que se arraiga entre las sombras,
un conjunto de tragedias condenadas y solitarias,
moribundo en sus carcajadas; falsas, plásticas... muertas.
Entre la basura nocturna cobijo mis sentidos,
y entre las desgracias ajenas intercalo la mías, nítidas,
perfectas, divinamente elegidas.
¡Hijos míos,
pequeños engendros del infierno caótico!
Sepulten mis manos y consuman mis piernas,
mastiquen mi corazón y torturen mi cráneo,
que la vida aún no comienza,
y la esperanza ajena, sólo desgarra mis venas;
¡Imploren al foráneo!
Una vez sepulté penas e invoqué glorias sangrantes,
descuarticé recuerdos cancerinos y gocé de buena vida,
no como ahora, que soy Lacroix el peregrino,
infecundo soldado del dolor fortuito,
brujo esquelético de cuencas pálidas,
de pirañas, cucarachas, lombrices y vampiros.
Soy el pordiosero de la alegría;
¡imploren al foráneo! Soy Lacroix el peregrino,
moribundo en sus carcajadas. ¡hijos míos!,
la esperanza ajena sólo desgarra mis venas.
Mastiquen mi corazón y torturen mi cráneo,
que una vez sepulté penas e invoqué glorias sangrantes;
falsas, plásticas... muertas. ¡imploren al foráneo!.
Pablo Lacroix
Soy el pordiosero de la alegría,
un caníbal inepto que se arraiga entre las sombras,
un conjunto de tragedias condenadas y solitarias,
moribundo en sus carcajadas; falsas, plásticas... muertas.
Entre la basura nocturna cobijo mis sentidos,
y entre las desgracias ajenas intercalo la mías, nítidas,
perfectas, divinamente elegidas.
¡Hijos míos,
pequeños engendros del infierno caótico!
Sepulten mis manos y consuman mis piernas,
mastiquen mi corazón y torturen mi cráneo,
que la vida aún no comienza,
y la esperanza ajena, sólo desgarra mis venas;
¡Imploren al foráneo!
Una vez sepulté penas e invoqué glorias sangrantes,
descuarticé recuerdos cancerinos y gocé de buena vida,
no como ahora, que soy Lacroix el peregrino,
infecundo soldado del dolor fortuito,
brujo esquelético de cuencas pálidas,
de pirañas, cucarachas, lombrices y vampiros.
Soy el pordiosero de la alegría;
¡imploren al foráneo! Soy Lacroix el peregrino,
moribundo en sus carcajadas. ¡hijos míos!,
la esperanza ajena sólo desgarra mis venas.
Mastiquen mi corazón y torturen mi cráneo,
que una vez sepulté penas e invoqué glorias sangrantes;
falsas, plásticas... muertas. ¡imploren al foráneo!.
Pablo Lacroix