Enrique Quiroz Castro
Poeta que considera el portal su segunda casa
EN LA BORRASCA...
Encerrado en la torre de un lejano recuerdo,
cabizbajo y silente como triste arlequín,
desafío el murmullo del graznido del cuervo,
que se ríe por verme sollozar e infeliz.
Y contemplo la dalia florecida en el viento
mientras tiñe mi pena de color carmesí,
mas, candente la esquela natural de otro tiempo,
como en arcas doradas me ilumina el jazmín.
La alegría amanece como copla de ensueño,
canturreando en la brisa los nocturnos de abril,
y la vieja calesa del cochero risueño
interrumpe la marcha de un veloz colibrí…
Por mi sombra hecha luna sin haber sido cielo,
frente al dije de besos que ofrendé para ti,
ya sabrás como pulsa mi afiebrado lucero,
y si hablaran las piedras,… ¡te hablarían de mí!.
AUTOR:
ENRIQUE QUIROZ CASTRO
PIURA-PERÚ
19 de julio de 2008
Encerrado en la torre de un lejano recuerdo,
cabizbajo y silente como triste arlequín,
desafío el murmullo del graznido del cuervo,
que se ríe por verme sollozar e infeliz.
Y contemplo la dalia florecida en el viento
mientras tiñe mi pena de color carmesí,
mas, candente la esquela natural de otro tiempo,
como en arcas doradas me ilumina el jazmín.
La alegría amanece como copla de ensueño,
canturreando en la brisa los nocturnos de abril,
y la vieja calesa del cochero risueño
interrumpe la marcha de un veloz colibrí…
Por mi sombra hecha luna sin haber sido cielo,
frente al dije de besos que ofrendé para ti,
ya sabrás como pulsa mi afiebrado lucero,
y si hablaran las piedras,… ¡te hablarían de mí!.
AUTOR:
ENRIQUE QUIROZ CASTRO
PIURA-PERÚ
19 de julio de 2008
Última edición: