En mi nao he embarcado,
sin grumete, ni timonel,
dejado al albur del destino
que me lleve a la deriva
donde mis redes pueda tender.
Y en ese lugar, posiblemente inexplorado,
en sus aguas no mancilladas,
recoger un trocito de cielo,
cristalizado, tal vez,
para que mis manos lo puedan sostener.
Y pensar, que aunque estés tan lejos,
que no puedan mis brazos
estrecharte contra mi piel,
acariciar tu cuerpo confeccionado
de serenidad y miel,
estás presente en cada célula viva
que maquina por mi cerebro
ya que eres hierro candente para mi ser.
Por las noches mi dedo señalará
esas estrellas que se atrevan a considerar
que sus guiños, sus temblores relucientes,
puedan hacerme olvidar
los lagos que son tus ojos,
donde las sirenas van a nadar.
Si hallo ese tesoro, que busco conseguir,
forjaré con él una esfera
que felicidad desprenda,
un lugar seguro y cálido,
refugio donde habitar,
si sobrevivo al viaje,
si nos volvemos a tocar.
sin grumete, ni timonel,
dejado al albur del destino
que me lleve a la deriva
donde mis redes pueda tender.
Y en ese lugar, posiblemente inexplorado,
en sus aguas no mancilladas,
recoger un trocito de cielo,
cristalizado, tal vez,
para que mis manos lo puedan sostener.
Y pensar, que aunque estés tan lejos,
que no puedan mis brazos
estrecharte contra mi piel,
acariciar tu cuerpo confeccionado
de serenidad y miel,
estás presente en cada célula viva
que maquina por mi cerebro
ya que eres hierro candente para mi ser.
Por las noches mi dedo señalará
esas estrellas que se atrevan a considerar
que sus guiños, sus temblores relucientes,
puedan hacerme olvidar
los lagos que son tus ojos,
donde las sirenas van a nadar.
Si hallo ese tesoro, que busco conseguir,
forjaré con él una esfera
que felicidad desprenda,
un lugar seguro y cálido,
refugio donde habitar,
si sobrevivo al viaje,
si nos volvemos a tocar.