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En la antagónica soledad que deja el tiempo,
Mientras mi corazón por ti se desespera;
Veo varar mi amor como un velero,
Que contra el viento y la marea no hiza velas.
No quiero sufragar los sentimientos,
Ni conturbar mi alma tan sincera;
Con la impasible oscuridad que da la noche,
Ni con la pobre lumbre de una hoguera.
Puedo exceptuar la brillantes de alguna estrella,
Y consentir que se sienta ser doncella;
Si en el exiguo tiempo de mi vida;
Y la afición a ella tú no llegas.
Compungido partiré yo de este mundo,
Con el falaz pensamiento que me ciega;
Es no saber si yo he de encontrarte,
En el contiguo lugar donde yo fuera.
Cuantiosa sería mi alegría,
Ileso el corazón se sentiría;
Si al encontrarnos llegas tú hasta mis brazos,
Y desprender tu vestido hecho de seda.
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En la antagónica soledad que deja el tiempo,
Mientras mi corazón por ti se desespera;
Veo varar mi amor como un velero,
Que contra el viento y la marea no hiza velas.
No quiero sufragar los sentimientos,
Ni conturbar mi alma tan sincera;
Con la impasible oscuridad que da la noche,
Ni con la pobre lumbre de una hoguera.
Puedo exceptuar la brillantes de alguna estrella,
Y consentir que se sienta ser doncella;
Si en el exiguo tiempo de mi vida;
Y la afición a ella tú no llegas.
Compungido partiré yo de este mundo,
Con el falaz pensamiento que me ciega;
Es no saber si yo he de encontrarte,
En el contiguo lugar donde yo fuera.
Cuantiosa sería mi alegría,
Ileso el corazón se sentiría;
Si al encontrarnos llegas tú hasta mis brazos,
Y desprender tu vestido hecho de seda.
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