Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
En la esquina de un círculo
amparado por las sombras,
panes sin corteza y sin esponjas
piden por los otros que la tienen,
por su sed negada, en el calor intenso,
a cobijos de una muerte, goteante y seca;
huéspedes de dientes, abrazados en almohadas,
partidos en dos, en sacrificio,
por la gracia de un Dios que todo lo puede.
En las esquinas de la verdad disoluta y fría,
donde la mentira, pervive y sobrevive,
donde comienzo a entre verte, a través de las rendijas,
cuando das la espalda al frente,
amparada por el rayo,
masticando…
desnudo de cortezas, yo
girando por los círculos de los dedos en su tinta,
sin buscar ni tu final ni tu principio,
sólo: esquinas, agujas y escondites,
lo que la rosa te da cuando te sangra,
sin sed, sedienta,
la vida.
amparado por las sombras,
panes sin corteza y sin esponjas
piden por los otros que la tienen,
por su sed negada, en el calor intenso,
a cobijos de una muerte, goteante y seca;
huéspedes de dientes, abrazados en almohadas,
partidos en dos, en sacrificio,
por la gracia de un Dios que todo lo puede.
En las esquinas de la verdad disoluta y fría,
donde la mentira, pervive y sobrevive,
donde comienzo a entre verte, a través de las rendijas,
cuando das la espalda al frente,
amparada por el rayo,
masticando…
desnudo de cortezas, yo
girando por los círculos de los dedos en su tinta,
sin buscar ni tu final ni tu principio,
sólo: esquinas, agujas y escondites,
lo que la rosa te da cuando te sangra,
sin sed, sedienta,
la vida.