yomboki
Poeta que considera el portal su segunda casa
De un tono azul cristal
de los cielos que se vuelcan y el futuro
que no hay;
de atardeceres yertos y alfombras vespertinas
con el sol de aquellos días;
que no hay,
de la infancia sepultada, los colores desteñidos
y volver a sumergirse en el aroma
que me manda en cada calle las esquinas de mi barrio,
que no hay
que no asombra, que me duele, esa infancia sepultada
los amigos desterrados, los amores alquilados
y el volver a beber de las heridas, al pensar en otras vidas
que no hay,
el sopor de media tarde, el sedante del recuerdo
y la urgencia de los grillos, cual pavesas,
detractores de balones, carroñeros de los años que se van
ya no hay mas, estos años que me sobran
y la espera inesperada de un amor
que no hay,
un carruaje de distancia, cuatro notas, mal acorde,
sin pensar, sin clemencia hacia el mañana
y las canas que me pintan la cabeza, una espuma de cerveza
sin querer,
un mal ritmo, una canción decolorada, una flor virtual,
un pinche calendario mal herido, deshojado, malparido
y las horas de esta vida en su mitad,
las palabras no aprendidas, que me secan la garganta,
que me pudren las ideas y las hojas de un cuaderno reluciente
que no hay;
los abismos, ¿cuantos años? Un cantante en italiano,
seis mujeres, cuatro orgasmos y un final
la capilla vicentina y la moral olvidada en cualquier parte,
sin usar
una ingenua mariposa, un pasar a la otra talla
y un final, que se acerca, presentido, un pañuelo que agoniza
en el adiós,siete libros no leídos,
mis cuarenta y dos cumplidos, nueve kilos ya perdidos,
¡y el final!
Que me llama con guadañas, que me pinta hermosas playas
de esqueletos reaccionarios, de postreres revolucionarios,
cuatro décadas, mil inventos, un manual nunca leído
y las ganas de una tregua
que no hay,
que me dice
estas casi muerto
ya no pido mas clemencia, ya no añoro aniversarios,
ya no pongo en las heridas otra sal,
y me deleitan las palabras, las promesas no cumplidas...
mi final,
que no hay,
misericordia
en el reino de un dios
inmortal,
que me aplasta la cabeza,
que me juzga
a conveniencia,
que se va,
que me deja
mudo,
abstracto,
absurdo...
¡ODIO EL RAP...!
de los cielos que se vuelcan y el futuro
que no hay;
de atardeceres yertos y alfombras vespertinas
con el sol de aquellos días;
que no hay,
de la infancia sepultada, los colores desteñidos
y volver a sumergirse en el aroma
que me manda en cada calle las esquinas de mi barrio,
que no hay
que no asombra, que me duele, esa infancia sepultada
los amigos desterrados, los amores alquilados
y el volver a beber de las heridas, al pensar en otras vidas
que no hay,
el sopor de media tarde, el sedante del recuerdo
y la urgencia de los grillos, cual pavesas,
detractores de balones, carroñeros de los años que se van
ya no hay mas, estos años que me sobran
y la espera inesperada de un amor
que no hay,
un carruaje de distancia, cuatro notas, mal acorde,
sin pensar, sin clemencia hacia el mañana
y las canas que me pintan la cabeza, una espuma de cerveza
sin querer,
un mal ritmo, una canción decolorada, una flor virtual,
un pinche calendario mal herido, deshojado, malparido
y las horas de esta vida en su mitad,
las palabras no aprendidas, que me secan la garganta,
que me pudren las ideas y las hojas de un cuaderno reluciente
que no hay;
los abismos, ¿cuantos años? Un cantante en italiano,
seis mujeres, cuatro orgasmos y un final
la capilla vicentina y la moral olvidada en cualquier parte,
sin usar
una ingenua mariposa, un pasar a la otra talla
y un final, que se acerca, presentido, un pañuelo que agoniza
en el adiós,siete libros no leídos,
mis cuarenta y dos cumplidos, nueve kilos ya perdidos,
¡y el final!
Que me llama con guadañas, que me pinta hermosas playas
de esqueletos reaccionarios, de postreres revolucionarios,
cuatro décadas, mil inventos, un manual nunca leído
y las ganas de una tregua
que no hay,
que me dice
estas casi muerto
ya no pido mas clemencia, ya no añoro aniversarios,
ya no pongo en las heridas otra sal,
y me deleitan las palabras, las promesas no cumplidas...
mi final,
que no hay,
misericordia
en el reino de un dios
inmortal,
que me aplasta la cabeza,
que me juzga
a conveniencia,
que se va,
que me deja
mudo,
abstracto,
absurdo...
¡ODIO EL RAP...!