EN LA MADRUGADA
Acompañado del dulce coro de los pájaros
que pululan de árbol en árbol,
en una madrugada serena
dormido estaba
en la apacible alcoba,
al lado del amor aroma de durazno.
Soñaba perdido,
perdido en la ciudad,
perdido buscándote amor.
Caminaba por las calles solo, sin horizonte,
acogonjado, triste, cansado.
sentado solo en las frías bancas del parque,
sin tener con quien hablar.
Aun así, sentiame
rodeado de mucha gente citadina,
de carros apresurados que viene y van,
del agente pendiente que los colores del semáforo no se violen,
del enjuto voceador de periódicos,
de la trasnochada prostituta que a paso lento y cansada
busca su nido y sus pichonzuelos,
de los indigentes con olor a sufrimiento dormitados en las aceras y andenes,
y como nadie, frente a los que estaban al mí alrededor
soñaba perdido en la ciudad, buscándote amor.
Al fin desperté,
no estaba en la ciudad,
estaba perdido en el calor de tu cuerpo
y cual pétalos, el aposento fragancia de durazno nos cobijó.
luecamon.
Acompañado del dulce coro de los pájaros
que pululan de árbol en árbol,
en una madrugada serena
dormido estaba
en la apacible alcoba,
al lado del amor aroma de durazno.
Soñaba perdido,
perdido en la ciudad,
perdido buscándote amor.
Caminaba por las calles solo, sin horizonte,
acogonjado, triste, cansado.
sentado solo en las frías bancas del parque,
sin tener con quien hablar.
Aun así, sentiame
rodeado de mucha gente citadina,
de carros apresurados que viene y van,
del agente pendiente que los colores del semáforo no se violen,
del enjuto voceador de periódicos,
de la trasnochada prostituta que a paso lento y cansada
busca su nido y sus pichonzuelos,
de los indigentes con olor a sufrimiento dormitados en las aceras y andenes,
y como nadie, frente a los que estaban al mí alrededor
soñaba perdido en la ciudad, buscándote amor.
Al fin desperté,
no estaba en la ciudad,
estaba perdido en el calor de tu cuerpo
y cual pétalos, el aposento fragancia de durazno nos cobijó.
luecamon.