Clavas tu mirada en mis ojos, con especial ternura,
esa que en otros momentos no veo,
y al reconocer ese extraño rastro de dulzura,
se me estiran las comisuras de los labios
y te regalo mi tierna sonrisa de Mona Lisa.
Y me dices que soy hermosa,
dejando pasar mis defectos,
haciéndome perfecta antes tus deseos.
Lanzas reproches al tiempo y al destiempo,
pues tu existencia, le ha dado más vueltas al sol que la mía,
y piensas que tarde nuestros caminos se cruzaron
por que a estas alturas no puedes ofrecerme lo que quisiera recibir.
Me abrazas fuerte intentando detener las vueltas de la Tierra,
intentando que los minutos no se escapen,
entregándome pedazos de tu presente,
amándome con la desesperación de un adolescente
pero con la experiencia y habilidad que trae el paso del tiempo.
Y me aniquilas de nuevo con tu mirada,
me dices miles de cosas sin ninguna palabra
y escucho los te quiero pero no debo
mientras sudamos saladas frustraciones y amargas desilusiones.
No queremos construir un presente por horror a un futuro
pero olvidamos que este encuentro,
formará parte de un triste pasado.
Pero es tu presente lo que para mí tienes
y es mi presente lo que te regalo.
Ambos viviremos el momento,
sin la ilusión del futuro
y empezando olvidar lo vivido.
Lo que tenga que pasar, pasará,
lo que haya que olvidar, se olvidará.
Nuestro momento es ahora,
por que ahora, juntos,
al mismo tiempo y en el mismo lugar,
seguimos la misma órbita alrededor del Sol.