BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Como lechos hundiéndose
lentamente, oblicuamente,
fundiendo sus hielos corpóreos,
tras tierras y tierras, y ese largo y
completo exilio, tras eternidades
de miedo, y de silencio, y demoníacas
sombras geográficas, que aturden a la
memoria, caótico degüello, de sombras
confusas y cerezos ardientes. Con muchos
cuellos interrumpidos, tras ojos multiplicados
y alas inmensas, de reptil, de insecto, de acosado
iris vulnerable, donde se asilan las doctrinas desiguales,
sin adoraciones cóncavas, destiladas. Tras ese inmenso desierto
de uvas sintomáticas,
de signos aplazados, de sombras tras un continuo acecho.
Después de esto,
de todo esto, sí, con manos y cabeza y cerebro
vacíos, con complejas advertencias, con nocturnas llamas,
con religiones vacías de significado, con latitudes apabulladas
por su solo hálito negro: así, luego de esas conversaciones
exhaladas, de estos discursos testimoniales, de esas contemplaciones,
ostracismos; así, proceden orgullos, y satánicos aludes, y coriáceos
ritos tribales, y conquistas de orugas como animales en la espesura:
así, entonces, mientras la venerada ráfaga de lluvia y sapos, de orejas
y manos recién cortadas, con retratos ajados de novias al pie de las carreteras
abandonadas,
de llantos contemporáneos, de bocetos ignorantes; con sucesivos
aromas interminables, con vestigios de altitudes corroídas, por vientos,
desechas, así, los funerales procesos investigan la oscuridad de cada vida,
ocultando su saliva a los árboles desvanecidos, conservando en sus guadañas,
la parda y remota, inadvertida y terrible, brusquedad de los desaparecidos.
©
lentamente, oblicuamente,
fundiendo sus hielos corpóreos,
tras tierras y tierras, y ese largo y
completo exilio, tras eternidades
de miedo, y de silencio, y demoníacas
sombras geográficas, que aturden a la
memoria, caótico degüello, de sombras
confusas y cerezos ardientes. Con muchos
cuellos interrumpidos, tras ojos multiplicados
y alas inmensas, de reptil, de insecto, de acosado
iris vulnerable, donde se asilan las doctrinas desiguales,
sin adoraciones cóncavas, destiladas. Tras ese inmenso desierto
de uvas sintomáticas,
de signos aplazados, de sombras tras un continuo acecho.
Después de esto,
de todo esto, sí, con manos y cabeza y cerebro
vacíos, con complejas advertencias, con nocturnas llamas,
con religiones vacías de significado, con latitudes apabulladas
por su solo hálito negro: así, luego de esas conversaciones
exhaladas, de estos discursos testimoniales, de esas contemplaciones,
ostracismos; así, proceden orgullos, y satánicos aludes, y coriáceos
ritos tribales, y conquistas de orugas como animales en la espesura:
así, entonces, mientras la venerada ráfaga de lluvia y sapos, de orejas
y manos recién cortadas, con retratos ajados de novias al pie de las carreteras
abandonadas,
de llantos contemporáneos, de bocetos ignorantes; con sucesivos
aromas interminables, con vestigios de altitudes corroídas, por vientos,
desechas, así, los funerales procesos investigan la oscuridad de cada vida,
ocultando su saliva a los árboles desvanecidos, conservando en sus guadañas,
la parda y remota, inadvertida y terrible, brusquedad de los desaparecidos.
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