Ella se fué,
tremendo dolor,
me causó ver,
las lágrimas de un indefenso
y sobre el frío inmenso,
que está sobre el alma de mi hijo,
juré no querer a otra mujer.
Con todo mi cariño,
blindé a mi niño
para que nadie,
lastimara su corazón chiquito.
Ella se fue, no hubo disputa,
aun te recuerdo,
corazón de frialdad absoluta.
Mi niño querido duerme
y mi amor escondido para una mujer,
se asoma un poquito desconfiado en ti
y me lleno de miedo.
No por mi que ya se de este dolor
y lo tolero,
pero no voy a jugar con la suerte,
de un pequeño noble y bueno.
Pero ahora, pienso en ti,
en medio de este miedo cerval.
Pero te quiero.
¿Como es que pienso esto?
Si solo mi hijo me lo ha oido.
Pero te quiero,
aunque no seas tu la madre,
quiero que tu lo guardes.
Tu, solamente tu,
quiero que tu lo abrazes,
a mi hijo que solo yo he abrazado.
Tu, que después de mi llanto,
me has escuchado.
Te quiero,
a ti, que a la soledad
de dos hombres
les has dado luz.
Te quiero y pienso en ti,
cuidando el sueño de mi pequeño,
estrujado por la noche silenciosa y negra
y en medio de este miedo.
Ramón Maldonado Velarde
27/01/09