Alas de marioneta
Poeta asiduo al portal
El mar se estaba quedando a lo lejos,
las olas ya solo se vestían de arena,
las sombrillas casi lloraban de invierno,
las nubes se pintaban con el gris de tu ausencia.
Las gaviotas gritaban silencios,
ya no anidaban más primaveras
las oscuras golondrinas en mi desierto
donde un sin tí esperaba un cuando vuelvas.
Te busqué en un mapa, el calendario se hacía viejo,
te escribí un poema con la tinta de hojas secas,
¿porqué sin tí, Asturias me parece nombre de infierno?,
¿porqué sin tí lanzó botellas al aire para que lleguen a tu puerta?
si mis cartas se mojan de aquel día, de cuando nos dimos un beso
frente a la ventana, a los pies el mundo. Y el cielo a la derecha,
el mar al fondo, allí, donde al fondo es demasiado lejos
para flotar mis palabras embotelladas de tristeza
y que el Cantábrico se acerque y las recoja, como en un sueño
y en solo un par de olas, las deje caer a tus pies junto a la arena.
Y que descorches su tapón, y que sonrías en cada 'te quiero'
y que en cada querer el tiempo pase como si corriera.
Y que los días se salten las horas y las horas jueguen a ser menos
y que antes de que el corcho cierre otra de mis botellas
estés aquí, en mi casa de lata, frente a mi próximo beso,
en mi balcón encendido, prestándole tu luz a las estrellas.
las olas ya solo se vestían de arena,
las sombrillas casi lloraban de invierno,
las nubes se pintaban con el gris de tu ausencia.
Las gaviotas gritaban silencios,
ya no anidaban más primaveras
las oscuras golondrinas en mi desierto
donde un sin tí esperaba un cuando vuelvas.
Te busqué en un mapa, el calendario se hacía viejo,
te escribí un poema con la tinta de hojas secas,
¿porqué sin tí, Asturias me parece nombre de infierno?,
¿porqué sin tí lanzó botellas al aire para que lleguen a tu puerta?
si mis cartas se mojan de aquel día, de cuando nos dimos un beso
frente a la ventana, a los pies el mundo. Y el cielo a la derecha,
el mar al fondo, allí, donde al fondo es demasiado lejos
para flotar mis palabras embotelladas de tristeza
y que el Cantábrico se acerque y las recoja, como en un sueño
y en solo un par de olas, las deje caer a tus pies junto a la arena.
Y que descorches su tapón, y que sonrías en cada 'te quiero'
y que en cada querer el tiempo pase como si corriera.
Y que los días se salten las horas y las horas jueguen a ser menos
y que antes de que el corcho cierre otra de mis botellas
estés aquí, en mi casa de lata, frente a mi próximo beso,
en mi balcón encendido, prestándole tu luz a las estrellas.