Amartemisa
Poetisa
Un aguacero me acecha
en las sombras del día
sobre mi cara almidonada.
Me ensucia, se enfada,
se nublan las líneas
de la piel presumida.
Un sol se avergüenza,
se esconde, se apaga,
se irrita y me abandona.
Se quedan mis manos
abiertas y sentidas,
discretamente amargas,
sin tesoros, sin nada.
Sólo un puñado de sueños
ajenos a mi sonrisa,
que se aturde enmudecida
en mis horquideas pisadas.
Y llora la calma,
la angustia me posee,
me ahoga el pecho
y la garganta, se estrangula,
me mata lentamente
en las mudas migrañas.
Se desvela la noche,
mis ojos se alarman,
por todo y por nada
y nada la nostalgia del calor
en este invierno que agoniza,
que me advierte de su frialdad.
Suenan los tambores,
se aproxima iluminada,
amenazante navidad enlagrimada.
Los regalos que no me sirven,
la familia que se queda
y después se marcha un día
cuando más se necesita,
y arrastro mi afecto hasta ellos,
me encomiendo al corazón
y vuelvo a abandonarme, vuelvo.
Canciones encerradas
añorando una libertad falsa,
que yo no tengo, maldito dinero.
Viaja mi mente hasta otra parte,
donde todos sienten,
esa soledad que adormece
en mis versos a tu lado,
compañero de lágrimas,
amigo de las sonrisas, de la mano.
que apareces para darme aliento
y no te marchas sin mis quejas,
que regresas para abrazarme,
compañero, tú lo sabes,
sabes que te hiciste necesario.
Gracias a mis queridos amigos del portal por abrigar mis días de frío.
en las sombras del día
sobre mi cara almidonada.
Me ensucia, se enfada,
se nublan las líneas
de la piel presumida.
Un sol se avergüenza,
se esconde, se apaga,
se irrita y me abandona.
Se quedan mis manos
abiertas y sentidas,
discretamente amargas,
sin tesoros, sin nada.
Sólo un puñado de sueños
ajenos a mi sonrisa,
que se aturde enmudecida
en mis horquideas pisadas.
Y llora la calma,
la angustia me posee,
me ahoga el pecho
y la garganta, se estrangula,
me mata lentamente
en las mudas migrañas.
Se desvela la noche,
mis ojos se alarman,
por todo y por nada
y nada la nostalgia del calor
en este invierno que agoniza,
que me advierte de su frialdad.
Suenan los tambores,
se aproxima iluminada,
amenazante navidad enlagrimada.
Los regalos que no me sirven,
la familia que se queda
y después se marcha un día
cuando más se necesita,
y arrastro mi afecto hasta ellos,
me encomiendo al corazón
y vuelvo a abandonarme, vuelvo.
Canciones encerradas
añorando una libertad falsa,
que yo no tengo, maldito dinero.
Viaja mi mente hasta otra parte,
donde todos sienten,
esa soledad que adormece
en mis versos a tu lado,
compañero de lágrimas,
amigo de las sonrisas, de la mano.
que apareces para darme aliento
y no te marchas sin mis quejas,
que regresas para abrazarme,
compañero, tú lo sabes,
sabes que te hiciste necesario.
Gracias a mis queridos amigos del portal por abrigar mis días de frío.
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