lucifer
Poeta recién llegado
Te deje partir en pedazos, a medio armar y con piezas faltantes.
Te deje ir, tal vez para no aferrarme a tus besos de hielo, a tus brazos de barro.
Te vi despedirte, te dije adiós con la mano y solo soporte el calvario de imaginarte fuera,
lejos de mi vida, dejándome solo en el infierno que construimos y del cual ya no quería salir.
Te vi ir, de dije adiós y sonreí, sonreí para no caerme en pedazos y confundirme con los
muchos trozos tuyos regados por la habitación.
Muero lentamente desde aquel día, muero sin tu calor o tu sonrisa, te busco entre caras iguales
y brazos de barro, entre abrazos de hielo e infiernos ajenos.
Te deje ir, por cobardía y lo sé, te deje ir porque en mi interior, ese era el acto valiente que
se me imponía ante tu distancia y tu agonía.
Te dejo ir, hoy, en esta hora. Te desato de mi recuerdo, no como antes, no como tantas veces
en el pasado. Te dejo ir a donde quieras ir, eres libre. No tendrás mas, el yugo de mi recuerdo en
tu oxidada memoria, en tu corrupta consciencia.
Vete, sé feliz, lleva tus brazos de barro, tus besos de hielo, tu infierno maldito, tus carnes de fuego,
tu sexo bendito, tus notas avinagradas y melancólicas, tu sabor a veneno, tu tufo de licor añejo.
Te dejo ahora, antes de que me arrepienta, antes de encontrar mas pedazos tuyos, de coleccionar
tus decepciones en mi memoria, de flagelarme con tus frases estancadas en un pasado siempre presente.
Te dejo partir en pedazos.
Te deje ir, tal vez para no aferrarme a tus besos de hielo, a tus brazos de barro.
Te vi despedirte, te dije adiós con la mano y solo soporte el calvario de imaginarte fuera,
lejos de mi vida, dejándome solo en el infierno que construimos y del cual ya no quería salir.
Te vi ir, de dije adiós y sonreí, sonreí para no caerme en pedazos y confundirme con los
muchos trozos tuyos regados por la habitación.
Muero lentamente desde aquel día, muero sin tu calor o tu sonrisa, te busco entre caras iguales
y brazos de barro, entre abrazos de hielo e infiernos ajenos.
Te deje ir, por cobardía y lo sé, te deje ir porque en mi interior, ese era el acto valiente que
se me imponía ante tu distancia y tu agonía.
Te dejo ir, hoy, en esta hora. Te desato de mi recuerdo, no como antes, no como tantas veces
en el pasado. Te dejo ir a donde quieras ir, eres libre. No tendrás mas, el yugo de mi recuerdo en
tu oxidada memoria, en tu corrupta consciencia.
Vete, sé feliz, lleva tus brazos de barro, tus besos de hielo, tu infierno maldito, tus carnes de fuego,
tu sexo bendito, tus notas avinagradas y melancólicas, tu sabor a veneno, tu tufo de licor añejo.
Te dejo ahora, antes de que me arrepienta, antes de encontrar mas pedazos tuyos, de coleccionar
tus decepciones en mi memoria, de flagelarme con tus frases estancadas en un pasado siempre presente.
Te dejo partir en pedazos.