Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
Las mejillas encantadas en la espera dorada.
Los ojos como si fundidos se doblaran.
Nada pudo contener lo soñado y nuestros
ríos crecidos, se desbordaron acuñados
en soledades ajenas,
pero nuestras.
Como si nadie más existiera,
como si fuéramos dos en un planeta olvidado,
como Adán y como Eva en un matrimonio ancestral.
Con todas las certezas y nuestras carencias, manifiestas.
La mirada se hace infinita, quiere quedarse
en el umbral de tus pestañas,
quiere apoderarse de tus lágrimas ,
robadas a la noche que fue nuestra,
breve como predicas
eterna en nuestro sentir.
No derrames la luz de tus ojos, con mirarme,
no me hieras con algo tan sublime,
no desnudes tus pétalos que son míos,
no derrames de la jarra las gotas que
me hacen falta.
A los sentidos en flor, nunca les castigo el invierno.
Los sentidos son diamantes en el cielo de nuestra distancia.
Son bemoles de los astros inquietos.
Son citaras boreales, son luceros eternos,
son soles y lunas que nos faltan.
Me miras y te miro y luces la promesa de los nardos
y los gladiolos festivos en su negro día.
Ahora lucen azules, todas las flores de la melancolía.
Ahora vienen los tulipanes robustos de día,
con sus hojas verdes,
con sus hojas verdes,
¡con sus hojas verdes¡…
y su melodía ,
y su melodía ,
¡quiero verte transportada hasta mi orilla¡.,
donde tus luces
¡todas¡
brillan en tu ausencia e iluminan todo el puerto.
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