José Javier souto
Poeta recién llegado
En tu recuerdo
Ahora que tu espíritu se ahoga en mis propios pesares;
ahora que tus días se detienen y no avanzan;
días de pardas tinieblas, de sueños borrosos.
Encierro de tu cuerpo, nudos en el alma.
Hay espacios que no llamas.
Antes que tú, el olvido nació
y borró el beso y el te quiero.
Así, fuera del tiempo;
con el alma amedrentada
y el sufrimiento muerto,
una puerta se abre hacia el pasado
de pensamientos perdidos
en la pena del olvido.
Retornas al mundo en susurros, en sigilo,
con palabras muertas y pensamientos despedidos.
No volverás a explorar en tu tristeza
las fragancias de tus seres queridos.
No sabes quién eres; ni de dónde vienes.
Te diré quiénes somos cada mañana;
haré que lo recuerdes cada instante de tus días.
Los nombres se escapan; las caras se esfuman
en tensas marañas de tenue locura.
Rodeada de ecos de amor le doy a la tibieza de tus aguas
flamas de afecto en notas de silencio.
El coraje manda en corazón abatido,
con mente apagada en angustia sin rumbo.
Sientes mi mano y por más que me miras,
no aciertas a saber cuál es su destino.
En la tierna tristeza con que miras,
paredes de niebla cubren tu camino
en días soleados y sin nubarrones
Todo es confuso, y en sueño dormido
se mueren ecos del lamento
en la confusión de tu ausencia sombría.
Luz dorada del ayer, sueños de cristal
que en tu jardín extirpan aromas a tus memorias
con el rugido silencioso de la muerte.
Horas de esperanza se durmieron
en viento opaco de endebles suspiros
con miradas vehementes de temores.
Aprecio en tus ojos dolor y cariño
y en tus labios fríos que aprietas con fuerza,
dejas escapar palabras ya muertas.
Te hablo con ternura, te beso con tormento.
Cojo tu mano y digo: te quiero.
Quiero ayudarte, pero en este martirio
agoto mis fuerzas y quemo recuerdos.
Un relámpago cruel ciega tu mirada
perdida en neblina de una añoranza.
Soy el extraño que viene cada mañana
a darte cariño y alguna lágrima.
Ahora que tu espíritu se ahoga en mis propios pesares;
ahora que tus días se detienen y no avanzan;
días de pardas tinieblas, de sueños borrosos.
Encierro de tu cuerpo, nudos en el alma.
Hay espacios que no llamas.
Antes que tú, el olvido nació
y borró el beso y el te quiero.
Así, fuera del tiempo;
con el alma amedrentada
y el sufrimiento muerto,
una puerta se abre hacia el pasado
de pensamientos perdidos
en la pena del olvido.
Retornas al mundo en susurros, en sigilo,
con palabras muertas y pensamientos despedidos.
No volverás a explorar en tu tristeza
las fragancias de tus seres queridos.
No sabes quién eres; ni de dónde vienes.
Te diré quiénes somos cada mañana;
haré que lo recuerdes cada instante de tus días.
Los nombres se escapan; las caras se esfuman
en tensas marañas de tenue locura.
Rodeada de ecos de amor le doy a la tibieza de tus aguas
flamas de afecto en notas de silencio.
El coraje manda en corazón abatido,
con mente apagada en angustia sin rumbo.
Sientes mi mano y por más que me miras,
no aciertas a saber cuál es su destino.
En la tierna tristeza con que miras,
paredes de niebla cubren tu camino
en días soleados y sin nubarrones
Todo es confuso, y en sueño dormido
se mueren ecos del lamento
en la confusión de tu ausencia sombría.
Luz dorada del ayer, sueños de cristal
que en tu jardín extirpan aromas a tus memorias
con el rugido silencioso de la muerte.
Horas de esperanza se durmieron
en viento opaco de endebles suspiros
con miradas vehementes de temores.
Aprecio en tus ojos dolor y cariño
y en tus labios fríos que aprietas con fuerza,
dejas escapar palabras ya muertas.
Te hablo con ternura, te beso con tormento.
Cojo tu mano y digo: te quiero.
Quiero ayudarte, pero en este martirio
agoto mis fuerzas y quemo recuerdos.
Un relámpago cruel ciega tu mirada
perdida en neblina de una añoranza.
Soy el extraño que viene cada mañana
a darte cariño y alguna lágrima.