Asklepios
Incinerando envidias
En un cortejar perdido, casi olvidado,
se cantaban las melodías de unas ya débiles caricias,
mientras un hilo de besos
las protegían del intenso frío,
con esa destreza que sólo tienen los besos
de los amantes al danzar
entre el querer y el amor para, después,
ser compañía en las horas
de las penas y los desvelos.
Inesperadamente, y con el caos por bandera,
un hormigueo desnudo reconquistó a ese
último corazón deshabitado al que instigó
se manifestara de nuevo.
Cierto es que no resultó nada fácil
más, es bien sabido
que querer es poder… y…
finalmente… aquel corazón…
logró triunfar.
se cantaban las melodías de unas ya débiles caricias,
mientras un hilo de besos
las protegían del intenso frío,
con esa destreza que sólo tienen los besos
de los amantes al danzar
entre el querer y el amor para, después,
ser compañía en las horas
de las penas y los desvelos.
Inesperadamente, y con el caos por bandera,
un hormigueo desnudo reconquistó a ese
último corazón deshabitado al que instigó
se manifestara de nuevo.
Cierto es que no resultó nada fácil
más, es bien sabido
que querer es poder… y…
finalmente… aquel corazón…
logró triunfar.