ange blanc
Poeta recién llegado
En un pequeño rincón de mi alma,
sollozante, inquietante y palpitante
un delicado pétalo de lis se descubre,
llena mi mundo... mi vida misma.
Ínfimos e insignificantes sinsabores,
que enclaustrados mucitan melodías,
inspiradas en tus aromáticas caricias
docificante morfina...
tartamudeante como mi vida.
Cien mil serpenteantes raíces
interludio de un nuevo amanecer.
Adorado cáliz, exquisito elixir,
bálsamo divino ahora intento beber.
Nuestra metamorfosis ha terminado.
Nuestros anhelos ahora han escapado,
de ese diminuto y frio rincón;
ahora gobiernan mi corazón.
Lentamente me acerco hasta tu boca,
mis labios no aguantan más dulzura.
Mis ojos ahora te comtemplan,
Mis manos simplemente te condenan.
¿Cuán difícil ha sido el regresar?
Sigsagueantes han sido nuestros pasos.
Sulfúricos flechazos en nuestros corazones,
envenenados hemos sobrevivido.
Amada mía... déjame beber tu veneno
antídoto de esta cruel condena.
Tus culpas ya has pagado.
La mías ya he culminado.
Ahora te entrego este artilugio,
fruto de nuestra existencia,
junta... de los dos,
que al unísono hemos creado.
Mil besos como dádivas,
más mil caricias como envolturas.
Quizás algúna lágrima será el sello
con el que simplemente intento
conquistar toda tu existencia.
sollozante, inquietante y palpitante
un delicado pétalo de lis se descubre,
llena mi mundo... mi vida misma.
Ínfimos e insignificantes sinsabores,
que enclaustrados mucitan melodías,
inspiradas en tus aromáticas caricias
docificante morfina...
tartamudeante como mi vida.
Cien mil serpenteantes raíces
interludio de un nuevo amanecer.
Adorado cáliz, exquisito elixir,
bálsamo divino ahora intento beber.
Nuestra metamorfosis ha terminado.
Nuestros anhelos ahora han escapado,
de ese diminuto y frio rincón;
ahora gobiernan mi corazón.
Lentamente me acerco hasta tu boca,
mis labios no aguantan más dulzura.
Mis ojos ahora te comtemplan,
Mis manos simplemente te condenan.
¿Cuán difícil ha sido el regresar?
Sigsagueantes han sido nuestros pasos.
Sulfúricos flechazos en nuestros corazones,
envenenados hemos sobrevivido.
Amada mía... déjame beber tu veneno
antídoto de esta cruel condena.
Tus culpas ya has pagado.
La mías ya he culminado.
Ahora te entrego este artilugio,
fruto de nuestra existencia,
junta... de los dos,
que al unísono hemos creado.
Mil besos como dádivas,
más mil caricias como envolturas.
Quizás algúna lágrima será el sello
con el que simplemente intento
conquistar toda tu existencia.