[center:38d9f7d6ee]En un reino y entre nubes, sobre un monte, el Nafer
se escondía la hermosura de una reina sin amor
más allá de donde el cielo y las estrellas puedo ver
deliraba hasta la muerte por callar tanto dolor
Yo tan alto en estas nubes ya no veo la ciudad
ni aquel valle tan verdoso que hasta ayer veía bien
las alhajas me han llenado de oro y plata mi ansiedad
y el dolor de estar tan sola se ha pegado aquí en mi piel
Es acaso el triste pago por nacer en la virtud
de crecer entre diamantes que yo nunca los forje
y penar como alma vaga y detener mi juventud
preguntando a cuatro vientos ¿Dios del cielo, a mí por que?
En las horas en que el hombre caminaba en libertad
cultivaba y cosechaba tanto campo alrededor
sonreía y se jactaba de no hallar la soledad
pero si escondía el trago amargo de no hallar amor
¿Tu me escuchas Dios de Dioses?, si me escuchas dime si
en la vida que me diste he de encontrar esa piedad
que tus manos me desprendan para ser por fin feliz
y beber el trago dulce de lo que es felicidad
Dios no habla, se presenta en hechos claros de entender
dio a la reina un viaje pronto hacia los valles del verdor
a ese hombre dio cosecha a las faldas del Nafer
y su mano generosa se encargo de dar amor
¡Pare el carro y los caballos que no puedo continuar!
las alondras me han cantado y me han contado de un amor
no creía en sus palabras hasta verle suspirar
y cruzarse como un fuego que me dio todo el calor
¡Tóme rumbo hacia la estancia, yo me quiero enamorar!
dijo fuerte el hombre al mudo frío y pálido chofer
de la reina más preciosa que del monte fue a bajar
pues mi suplica a los cielos ya no hace padecer
Tanto reino, tantos reyes, reinas hay por donde esté
llenas todas de diamantes, oro, perlas y jazmín
coronadas por el hambre de los hombres ya sin fe
como yo que nunca supe que por ti vendría al fin
Mil perdones mi querido yo no quise ser así
ese reino que tenía no era mío y lo dejé
nunca perla mas hermosa ni diamante conocí
que tu voz pegada a mi ansia recobrándome la fe
No me pidas mis perdones yo no debo perdonar
es tu imagen la que en sueños día y noche yo soñé
y si dije que de ti yo me quería enamorar
era cierto como cuando a cuatro vientos lo grite
Horizontes se esfumaron y ni el oro pudo más
que la reina ya plebeya y aquel hombre que era gris
y que hoy lleno de colores vive plenamente, en paz
prometiéndole a la vida ser con ella muy feliz.
Viven hoy entre los valles del verdoso resplandor
como historia que algún libro nos contó para entender
lo que Dios hace por esos que no encuentran el amor
en un reino, entre nubes y en un monte, el Nafer.[/center:38d9f7d6ee]
se escondía la hermosura de una reina sin amor
más allá de donde el cielo y las estrellas puedo ver
deliraba hasta la muerte por callar tanto dolor
Yo tan alto en estas nubes ya no veo la ciudad
ni aquel valle tan verdoso que hasta ayer veía bien
las alhajas me han llenado de oro y plata mi ansiedad
y el dolor de estar tan sola se ha pegado aquí en mi piel
Es acaso el triste pago por nacer en la virtud
de crecer entre diamantes que yo nunca los forje
y penar como alma vaga y detener mi juventud
preguntando a cuatro vientos ¿Dios del cielo, a mí por que?
En las horas en que el hombre caminaba en libertad
cultivaba y cosechaba tanto campo alrededor
sonreía y se jactaba de no hallar la soledad
pero si escondía el trago amargo de no hallar amor
¿Tu me escuchas Dios de Dioses?, si me escuchas dime si
en la vida que me diste he de encontrar esa piedad
que tus manos me desprendan para ser por fin feliz
y beber el trago dulce de lo que es felicidad
Dios no habla, se presenta en hechos claros de entender
dio a la reina un viaje pronto hacia los valles del verdor
a ese hombre dio cosecha a las faldas del Nafer
y su mano generosa se encargo de dar amor
¡Pare el carro y los caballos que no puedo continuar!
las alondras me han cantado y me han contado de un amor
no creía en sus palabras hasta verle suspirar
y cruzarse como un fuego que me dio todo el calor
¡Tóme rumbo hacia la estancia, yo me quiero enamorar!
dijo fuerte el hombre al mudo frío y pálido chofer
de la reina más preciosa que del monte fue a bajar
pues mi suplica a los cielos ya no hace padecer
Tanto reino, tantos reyes, reinas hay por donde esté
llenas todas de diamantes, oro, perlas y jazmín
coronadas por el hambre de los hombres ya sin fe
como yo que nunca supe que por ti vendría al fin
Mil perdones mi querido yo no quise ser así
ese reino que tenía no era mío y lo dejé
nunca perla mas hermosa ni diamante conocí
que tu voz pegada a mi ansia recobrándome la fe
No me pidas mis perdones yo no debo perdonar
es tu imagen la que en sueños día y noche yo soñé
y si dije que de ti yo me quería enamorar
era cierto como cuando a cuatro vientos lo grite
Horizontes se esfumaron y ni el oro pudo más
que la reina ya plebeya y aquel hombre que era gris
y que hoy lleno de colores vive plenamente, en paz
prometiéndole a la vida ser con ella muy feliz.
Viven hoy entre los valles del verdoso resplandor
como historia que algún libro nos contó para entender
lo que Dios hace por esos que no encuentran el amor
en un reino, entre nubes y en un monte, el Nafer.[/center:38d9f7d6ee]