Mary Mura
Poeta veterano en el portal
El vaivén de los sueños
En una hamaca vaivén
se mecía una señora
tejiendo su propia historia
de alegrías y lamentos.
Ella por fuera tenía
los rasgos que da la vida
surcos que marcan la cara
arrugas que no quería.
Entrecerrando los ojos
navegó aguas adentro
y de paso se encontró
repasando su universo.
Su alma estaba intacta
era la muchacha aquella
su cuerpo lozano y fuerte
danzando en aquella escena.
Seguía teniendo sueños
que hacían vibrar su cuerpo
como cuando en primavera
soñaba bajo el cerezo.
Olvidó en ese momento
el pesar los malos tragos
danzó con su gracia etérea
olvidando años pasados.
Giró y giró hasta el cansancio
tuvo sueños de muchacha
ruborizándose toda
por su piel y por su estampa.
Sobresalto del momento
en que dividió su cuerpo
el de muchacha que sueña
y el otro que marca el tiempo.
Invadida en la nostalgia
decidió guardar su sueño,
el que la mostraba bella
recorriendo su universo.
Así pensó con cautela
¿Quien podrá robar mis sueños?
¿Quien ha de ponerme arrugas
si arrugarme yo no quiero?
Hay un hilo divisorio
que nadie podrá pasar
aunque el ojo del afuera
no cesará de mirar.
Sé que dentro de mi cuerpo
nadie me podrá coartar
el pensamiento que tengo
o el deseo de soñar.
Será un deseo de niños
que mi cuerpo ha de guardar
pero sé que en ese espacio
tengo total libertad.
Si quiero sentirme joven
joven me habré de sentir
si me envuelvo en remolino
quien me lo podrá impedir
Ese espacio es solo mío
nadie se puede adentrar
además de los pesares
no dejaré de soñar.
Mary Mura
En una hamaca vaivén
se mecía una señora
tejiendo su propia historia
de alegrías y lamentos.
Ella por fuera tenía
los rasgos que da la vida
surcos que marcan la cara
arrugas que no quería.
Entrecerrando los ojos
navegó aguas adentro
y de paso se encontró
repasando su universo.
Su alma estaba intacta
era la muchacha aquella
su cuerpo lozano y fuerte
danzando en aquella escena.
Seguía teniendo sueños
que hacían vibrar su cuerpo
como cuando en primavera
soñaba bajo el cerezo.
Olvidó en ese momento
el pesar los malos tragos
danzó con su gracia etérea
olvidando años pasados.
Giró y giró hasta el cansancio
tuvo sueños de muchacha
ruborizándose toda
por su piel y por su estampa.
Sobresalto del momento
en que dividió su cuerpo
el de muchacha que sueña
y el otro que marca el tiempo.
Invadida en la nostalgia
decidió guardar su sueño,
el que la mostraba bella
recorriendo su universo.
Así pensó con cautela
¿Quien podrá robar mis sueños?
¿Quien ha de ponerme arrugas
si arrugarme yo no quiero?
Hay un hilo divisorio
que nadie podrá pasar
aunque el ojo del afuera
no cesará de mirar.
Sé que dentro de mi cuerpo
nadie me podrá coartar
el pensamiento que tengo
o el deseo de soñar.
Será un deseo de niños
que mi cuerpo ha de guardar
pero sé que en ese espacio
tengo total libertad.
Si quiero sentirme joven
joven me habré de sentir
si me envuelvo en remolino
quien me lo podrá impedir
Ese espacio es solo mío
nadie se puede adentrar
además de los pesares
no dejaré de soñar.
Mary Mura