En una hora cualquiera
Nos buscamos en la luz, piedra de la mañana,
ojos saliéndose de los ojos en la boca partida,
en el dolor que cruza el puente de los siglos.
Nos buscamos como el cielo busca tierra
en el tacto del húmedo hueso incandescente
que te flamea cuando la mano gime:
abrazo, beso, seda que roza y penetra.
Nos buscamos en las ramblas cerradas,
entre las horas de los cuerpos que persisten
y entre las torres catedrales del pasar de años
remoto ahora el mundo.
Nos buscamos en la tarde que cerró su capa
para rescatar la luna que aprieta el rostro
y se ciñe a los títeres perpetuos de día,
casi transparentes, gozosos de fiesta y finales.
Íntimamente íntimos eclipsamos al sol
y a la yerta luz vestida del penúltimo escalón
que toca fondo, y nos buscamos furiosamente.
Nos buscamos en la luz, piedra de la mañana,
ojos saliéndose de los ojos en la boca partida,
en el dolor que cruza el puente de los siglos.
Nos buscamos como el cielo busca tierra
en el tacto del húmedo hueso incandescente
que te flamea cuando la mano gime:
abrazo, beso, seda que roza y penetra.
Nos buscamos en las ramblas cerradas,
entre las horas de los cuerpos que persisten
y entre las torres catedrales del pasar de años
remoto ahora el mundo.
Nos buscamos en la tarde que cerró su capa
para rescatar la luna que aprieta el rostro
y se ciñe a los títeres perpetuos de día,
casi transparentes, gozosos de fiesta y finales.
Íntimamente íntimos eclipsamos al sol
y a la yerta luz vestida del penúltimo escalón
que toca fondo, y nos buscamos furiosamente.