En una noche.

nibbana

Poeta recién llegado
Una noche me senté
Frente a un espejo
A descubrir las caras
Que subyacen enfermas
En los rincones olvidados del mundo inconsciente.

Una noche le pinte una mueca a toda la ira
Y cabalgue sobre el odio
Para encontrar la fuente
El génesis de la existencia misma.

Una noche encontré unos ojos muertos,
Y comí sufrimientos,
Llegue así al fondo de unos laberintos mentales,
Olvidados
Húmedos
Lóbregos.

Un anoche pedí tempestades,
Gritos,
Tormentas que te destruyeran la humanidad,
Y pintarme sonrisas que no siento,
Amores que no tengo.

Una noche,
Te bese el alma negra de los días de furia,
Supe entonces que no podía amar a otro hombre,
A otro dios,
Otro que no fuera humano o divino.

Caí en las noches eternas de la inconsciencia misma,
En el éxtasis que te produce el vértigo,
El mareo de los días sin sol, sin aire,
Sin sombra.

Una noche te bebí la vergüenza,
La impureza de las noches lujuriosas,
La maldición de mis amores falsos,
Y te vi realidad,
Como nunca antes,
Perfectamente invalidada,
Torpe,
Un gusano arrastrándose en la inmundicia,
En los cuerpos decadentes de las generaciones que ya no osan descubrirte,
Denudarte la intimidad,
La sinrazón que causan tus besos amargos.

Una noche realidad,
A tu lado una noche,
Me senté a comerte los egos monstruosos que me dibujaste,
A desenvolverme la sonrisa,
El odio,
Y la pación.

Las emociones se me hicieron superfluas,
Fuegos fatuos de inconsistencia,
Vacios profundos,
Ataúdes perversos que regalas al humano confuso.

Y mire la luna de la noche triste del amanecer de mi conciencia,
Y la vi roja,
Verde,
Ya no sentí aprecios,
Mi alma confusa ya no existía,
Era una burla,
Una ilusión majestuosa de los febriles veranos del norte,
De los desiertos del sur.

Una noche realidad,
Te queme la cara,
El cuerpo,
Y ya no sentía dolor por ti,
Ya no bebía lágrimas por ti,
En tu ausencia nacían flores purpuras,
Cielos formándose desde las tumbas negras de la raza deformada,
Y ya no supe que decir,
Y ya no supe que sentir,
Pues ya no deseaba sentir.

Una noche realidad,
Solo una noche,
Dentro de tu cuerpo,
Dentro de tu esencia,
Me mire el drama de los años postreros,
y ya no supe que decir,
ya no tenia que decir.
 
En efecto hay calidad aquí, pero una calidad disfrazada que aún no se encuentra. Tendría que leer otro poema tuyo para 'sentirte' en realidad; en este poema estás muy influenciado. Desde luego es algo natural, el proceso es largo, vertiginoso y hasta cruel, pero estoy seguro que, cuando logres limpiar, traducir, entender, saborear, los paradigmas de la acción poética podrás hallar tu propia voz en medio de tanto ruido.

Disfruté leer este texto. Un abrazo,
Jeison.
 
Una noche me senté
Frente a un espejo
A descubrir las caras
Que subyacen enfermas
En los rincones olvidados del mundo inconsciente.

Una noche le pinte una mueca a toda la ira
Y cabalgue sobre el odio
Para encontrar la fuente
El génesis de la existencia misma.

Una noche encontré unos ojos muertos,
Y comí sufrimientos,
Llegue así al fondo de unos laberintos mentales,
Olvidados
Húmedos
Lóbregos.

Un anoche pedí tempestades,
Gritos,
Tormentas que te destruyeran la humanidad,
Y pintarme sonrisas que no siento,
Amores que no tengo.

Una noche,
Te bese el alma negra de los días de furia,
Supe entonces que no podía amar a otro hombre,
A otro dios,
Otro que no fuera humano o divino.

Caí en las noches eternas de la inconsciencia misma,
En el éxtasis que te produce el vértigo,
El mareo de los días sin sol, sin aire,
Sin sombra.

Una noche te bebí la vergüenza,
La impureza de las noches lujuriosas,
La maldición de mis amores falsos,
Y te vi realidad,
Como nunca antes,
Perfectamente invalidada,
Torpe,
Un gusano arrastrándose en la inmundicia,
En los cuerpos decadentes de las generaciones que ya no osan descubrirte,
Denudarte la intimidad,
La sinrazón que causan tus besos amargos.

Una noche realidad,
A tu lado una noche,
Me senté a comerte los egos monstruosos que me dibujaste,
A desenvolverme la sonrisa,
El odio,
Y la pación.

Las emociones se me hicieron superfluas,
Fuegos fatuos de inconsistencia,
Vacios profundos,
Ataúdes perversos que regalas al humano confuso.

Y mire la luna de la noche triste del amanecer de mi conciencia,
Y la vi roja,
Verde,
Ya no sentí aprecios,
Mi alma confusa ya no existía,
Era una burla,
Una ilusión majestuosa de los febriles veranos del norte,
De los desiertos del sur.

Una noche realidad,
Te queme la cara,
El cuerpo,
Y ya no sentía dolor por ti,
Ya no bebía lágrimas por ti,
En tu ausencia nacían flores purpuras,
Cielos formándose desde las tumbas negras de la raza deformada,
Y ya no supe que decir,
Y ya no supe que sentir,
Pues ya no deseaba sentir.

Una noche realidad,
Solo una noche,
Dentro de tu cuerpo,
Dentro de tu esencia,
Me mire el drama de los años postreros,
y ya no supe que decir,
ya no tenia que decir.


Sentimientos que se trazan y arrastran en un vertigo
de momentos hacia el resto de las sensaciones. felicidades.
luzyabsenta
 

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