Bender Carvajal
Poeta recién llegado
Suéñame las horas con la prisa hipnótica
de tus ojos que se acunan.
Invéntame capullos maldiciéndome en tu pecho.
Píntame la ausencia de a matices en tu puerta
con tus dedos de pincel y con tu boca embarazada.
Inhálame entre los glóbulos
de tu cama ensangrentada en el vacío.
Desdibújame el aroma
de mis años derramados por tu vida.
Embrújame la sombra que aún divaga
somnolienta por la herida entre tus piernas.
Ocúltame el aliento con que a trozos te deshacen
por la boca y por la piel, el gemido y el suspiro.
Sepúltame la palma donde preciso quedaba
tu sexo aniquilado.
Cuéntame las horas con la prisa incrédula
de tus labios que de tanta espera
me he perdido en la vereda del camino.
Maldice mi recuerdo irremediable
que irrompible me has dejado
por tu casta avergonzada.
Pero yo te vencí antes que tú
haberme asesinado.
Yo te dejé antes que tú
haberme olvidado.
Yo te hice beso antes que tus labios
atormentaran el recuerdo de mi madre.
Yo te volví primavera donde hoy sólo crece
la hiedra marchita,
te hice ocasos y madrugadas
donde siempre te venció la noche,
te desemboqué los ríos y las olas
cuando sólo naufragabas
desolada desde tu mar muerto.
Donde ya no nos queda nada
no nos ha derrotado la compunción.
Como una supernova
habíamos hecho el amor
cavando la fosa del odio,
sepultados para siempre,
temerosos de tú y de mí,
persistente gruta que nos une
con extraños hilos siderales
donde sólo latigazos de quimeras ultrajadas
debieron quedar entre nosotros,
donde soy tierra, tú raíz
y nosotros luz eternamente parpadeante.
Ódiame con la rabia de la pena,
sacúdete de mí y mutílame de ti,
que cercenados es mejor una vida
que una vida tan tristemente encadenados…
de tus ojos que se acunan.
Invéntame capullos maldiciéndome en tu pecho.
Píntame la ausencia de a matices en tu puerta
con tus dedos de pincel y con tu boca embarazada.
Inhálame entre los glóbulos
de tu cama ensangrentada en el vacío.
Desdibújame el aroma
de mis años derramados por tu vida.
Embrújame la sombra que aún divaga
somnolienta por la herida entre tus piernas.
Ocúltame el aliento con que a trozos te deshacen
por la boca y por la piel, el gemido y el suspiro.
Sepúltame la palma donde preciso quedaba
tu sexo aniquilado.
Cuéntame las horas con la prisa incrédula
de tus labios que de tanta espera
me he perdido en la vereda del camino.
Maldice mi recuerdo irremediable
que irrompible me has dejado
por tu casta avergonzada.
Pero yo te vencí antes que tú
haberme asesinado.
Yo te dejé antes que tú
haberme olvidado.
Yo te hice beso antes que tus labios
atormentaran el recuerdo de mi madre.
Yo te volví primavera donde hoy sólo crece
la hiedra marchita,
te hice ocasos y madrugadas
donde siempre te venció la noche,
te desemboqué los ríos y las olas
cuando sólo naufragabas
desolada desde tu mar muerto.
Donde ya no nos queda nada
no nos ha derrotado la compunción.
Como una supernova
habíamos hecho el amor
cavando la fosa del odio,
sepultados para siempre,
temerosos de tú y de mí,
persistente gruta que nos une
con extraños hilos siderales
donde sólo latigazos de quimeras ultrajadas
debieron quedar entre nosotros,
donde soy tierra, tú raíz
y nosotros luz eternamente parpadeante.
Ódiame con la rabia de la pena,
sacúdete de mí y mutílame de ti,
que cercenados es mejor una vida
que una vida tan tristemente encadenados…
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