¿Quien sino el poeta puede cantar
el encuentro inevitable de dos líneas paralelas?
Admirable ecuación hecha de espejos
o sombras que se pierden entre olas suntuosas.
El dúplice horizonte es el marco de lujurias
donde ese encuentro se celebra o canta
y tú poeta el privilegiado unicornio que lo enasta.
Tejidas con los sutiles hilos de la noche
la ceguera circunspecta de las líneas
dan a la sombra la densidad del sueño.
Caído en la tarde que pasea las alamedas
el unicornio canta sus endechas palaciegas
y suma las distancias que recoge en su aventura.
Vanidad de sedas y oropeles son sus lágrimas
Las líneas paralelas se arremolinan en el cauce
del oscuro abrevadero que visitará la bestia.
La implícita poesía de las hojas que caen y ya son pardas
expresión son de los fuegos que se apagan
en el corazón del hombre.
Búsqueda incesante de esos dioses nuevos
que separen del amor las impurezas del viento
o reciten impasibles sus plegarias
que son del vino recuerdos.
Oh el milagro de las líneas paralelas…
¿Quien las privó de su encuentro?
Joya engarzada en la tarde
donde solo un simple traspiés
precipita la ecuación y rompe el absurdo espejo.
Ilust.: Sin título
el encuentro inevitable de dos líneas paralelas?
Admirable ecuación hecha de espejos
o sombras que se pierden entre olas suntuosas.
El dúplice horizonte es el marco de lujurias
donde ese encuentro se celebra o canta
y tú poeta el privilegiado unicornio que lo enasta.
Tejidas con los sutiles hilos de la noche
la ceguera circunspecta de las líneas
dan a la sombra la densidad del sueño.
Caído en la tarde que pasea las alamedas
el unicornio canta sus endechas palaciegas
y suma las distancias que recoge en su aventura.
Vanidad de sedas y oropeles son sus lágrimas
Las líneas paralelas se arremolinan en el cauce
del oscuro abrevadero que visitará la bestia.
La implícita poesía de las hojas que caen y ya son pardas
expresión son de los fuegos que se apagan
en el corazón del hombre.
Búsqueda incesante de esos dioses nuevos
que separen del amor las impurezas del viento
o reciten impasibles sus plegarias
que son del vino recuerdos.
Oh el milagro de las líneas paralelas…
¿Quien las privó de su encuentro?
Joya engarzada en la tarde
donde solo un simple traspiés
precipita la ecuación y rompe el absurdo espejo.
Ilust.: Sin título
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