Tú,
que apareces hoy
después de tanto tiempo.
Golpea la lluvia gris
en mi ventana,
trayéndome a la mente
tu risa tierna, asordinada,
al viento.
Es mi ruta:
el camino hacia el deseo.
Los besos
tantas veces esperados,
en el abecedario sin palabras
y en ábaco grana
de tus labios.
Surco el camino
lleno de distancias,
sobre un potro indomable: tu cintura.
Sin zamarros, espuelas ni montura,
sobre el anca del viento
y su fragancia.
Esa curva de guitarra en tu cintura
que guarda ritmo
y redondéz de estrella,
es tesoro de música a la espera
del saber de mis manos
siempre nuevas.
Eres canto olvidado
que despierta
cuando subes tu enagua almidonada:
Muda testigo
del fugaz encuentro,
al cerrarse la puerta
y su herrumbrosa
aldaba.
que apareces hoy
después de tanto tiempo.
Golpea la lluvia gris
en mi ventana,
trayéndome a la mente
tu risa tierna, asordinada,
al viento.
Es mi ruta:
el camino hacia el deseo.
Los besos
tantas veces esperados,
en el abecedario sin palabras
y en ábaco grana
de tus labios.
Surco el camino
lleno de distancias,
sobre un potro indomable: tu cintura.
Sin zamarros, espuelas ni montura,
sobre el anca del viento
y su fragancia.
Esa curva de guitarra en tu cintura
que guarda ritmo
y redondéz de estrella,
es tesoro de música a la espera
del saber de mis manos
siempre nuevas.
Eres canto olvidado
que despierta
cuando subes tu enagua almidonada:
Muda testigo
del fugaz encuentro,
al cerrarse la puerta
y su herrumbrosa
aldaba.
Última edición: