Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Escrito a lumbre en nuestras pieles,
el fósil del animal que destrozamos
rumia su mito de danzas orfebres
que no detuvo al sol entre sus astas.
El grafito que impostó al cielo de marzo
enajena un tacto devenido a cal de ostras
que nos deja en las antípodas del otro.
Fuera del círculo de nuestra desbandada,
tiembla mi escozor como un renacuajo
sitiado por los dioses de tu menstruación
y el álgebra de tu quietud bajo el diluvio.
Tu muralla natural no es la seda
que se desdice de mi antojo,
sino mi mano amputada de su semilla de pantera
porque eres la cáscara de tu magnetismo en auge
y ningún ojo te cincela flores de nopal
donde retraes garras.
Porque la guirnalda era cadena
y el anillo era un brocal,
amarro la pata de mi silla hidrofóba
al agujero desfondado de un cántaro sediento
para que no me arrastre a tu alambrada
que sutura cantos de cenzontles muertos.
Tantas lunas de ojos grandes
que sudan por las noches, pero no.
Amargo cabezas palatables por su carencia de ayer
y cambio el humo de morirme por blísteres de clítoris
sin raíz de almendra en sus horas descontadas
de un paraíso sin después,
pero no.
Inmolo ante mi ídolo el sambenito de mi pasión relapsa:
lo único que no se quema
cuando nos hacemos el silencio de olvidar son las palabras.
el fósil del animal que destrozamos
rumia su mito de danzas orfebres
que no detuvo al sol entre sus astas.
El grafito que impostó al cielo de marzo
enajena un tacto devenido a cal de ostras
que nos deja en las antípodas del otro.
Fuera del círculo de nuestra desbandada,
tiembla mi escozor como un renacuajo
sitiado por los dioses de tu menstruación
y el álgebra de tu quietud bajo el diluvio.
Tu muralla natural no es la seda
que se desdice de mi antojo,
sino mi mano amputada de su semilla de pantera
porque eres la cáscara de tu magnetismo en auge
y ningún ojo te cincela flores de nopal
donde retraes garras.
Porque la guirnalda era cadena
y el anillo era un brocal,
amarro la pata de mi silla hidrofóba
al agujero desfondado de un cántaro sediento
para que no me arrastre a tu alambrada
que sutura cantos de cenzontles muertos.
Tantas lunas de ojos grandes
que sudan por las noches, pero no.
Amargo cabezas palatables por su carencia de ayer
y cambio el humo de morirme por blísteres de clítoris
sin raíz de almendra en sus horas descontadas
de un paraíso sin después,
pero no.
Inmolo ante mi ídolo el sambenito de mi pasión relapsa:
lo único que no se quema
cuando nos hacemos el silencio de olvidar son las palabras.
10 de septiembre de 2020
Última edición: