Leonardo Velecela
Poeta que considera el portal su segunda casa
Déjenme caminar en la ignominia,
como reo eterno de mis pecados.
Que mis cabellos se vuelvan blancos
en el vituperio de los hombres simples.
Dejen que mis llantos fluyan constantes,
entre el brillo exhausto de la soledad.
Que corran hacia el sur inexistente
como la noche cuando cubre la mitad del mundo.
Así correrán los tiempos,
como los ríos y manantiales.
Así llegará el silencio,
cuando mi espíritu vuele más distante.
Entonces: déjenme seguir cantado
en silencio profundo,
dejen que mis versos grises
sigan surcando los espacios más distantes.
Hasta que exhale el aliento final.
Leonardo V.
como reo eterno de mis pecados.
Que mis cabellos se vuelvan blancos
en el vituperio de los hombres simples.
Dejen que mis llantos fluyan constantes,
entre el brillo exhausto de la soledad.
Que corran hacia el sur inexistente
como la noche cuando cubre la mitad del mundo.
Así correrán los tiempos,
como los ríos y manantiales.
Así llegará el silencio,
cuando mi espíritu vuele más distante.
Entonces: déjenme seguir cantado
en silencio profundo,
dejen que mis versos grises
sigan surcando los espacios más distantes.
Hasta que exhale el aliento final.
Leonardo V.
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