Mock'bird
Poeta recién llegado
¿Sabes de qué forma dos delfines se alinean para crear la palabra amor?
El agua es la magnificación de su voluntad, la de los dos,
el hilo por el que correr. El fluido como conector de dos cuerpos.
Y esto es así, como
el ratón de guante blanco que da forma a sus manos, amoldándolas
a la figura de un corazón ensimismado. Como
el colchón al que taladraron su centro.
Lo que guarda dentro, ese tesoro que roba vidas y
late entre muelles y algodones. Como el sol… ¡No el sol! Parece.
Demasiado precipitado hablar de él aún con horas que dan vida a la calle y la noche,
aún con borrosidades sobre mis lentes bañadas en la adicción que hace sentirme
más olvidado; quizás.
Una luz, diré. Se asoma entre edificios y estrellas.
Me llora y me justifica la causa de por qué yo he de llorar con ella. Sentado
me encuentra mi nostalgia a un recuerdo que no ocurrió más allá de mi fantasía. Sentado
sin poder hablar con nadie.
Planteándome la situación que supondría inundarte en aguas de placer. Imaginando
cómo encajaría en mis memorias poner a prueba tu cuerpo frente al mío.
Sin que la integridad de toda una historia ocurriera, te negarías,
y no faltaría la ofrenda verbal de un consuelo.
‘’pues pellízcame, y dime que ha sido la mera realidad. Yo solo quiero vivir en un sueño’’.
¿Sabes de qué forma dos delfines se alinean para crear la palabra amor?
Pregúntale al suelo que dejó sentarme esta noche. Pregúntale
al colchón que os da forma,
a los muelles que os devuelven los saqueos envueltos por gemidos, los que evitan la ruptura
del silencio por parte del corazón apresado, cimentado en el fondo de un colchón
que, sin saber por qué, sigue latiendo.
El agua es la magnificación de su voluntad, la de los dos,
el hilo por el que correr. El fluido como conector de dos cuerpos.
Y esto es así, como
el ratón de guante blanco que da forma a sus manos, amoldándolas
a la figura de un corazón ensimismado. Como
el colchón al que taladraron su centro.
Lo que guarda dentro, ese tesoro que roba vidas y
late entre muelles y algodones. Como el sol… ¡No el sol! Parece.
Demasiado precipitado hablar de él aún con horas que dan vida a la calle y la noche,
aún con borrosidades sobre mis lentes bañadas en la adicción que hace sentirme
más olvidado; quizás.
Una luz, diré. Se asoma entre edificios y estrellas.
Me llora y me justifica la causa de por qué yo he de llorar con ella. Sentado
me encuentra mi nostalgia a un recuerdo que no ocurrió más allá de mi fantasía. Sentado
sin poder hablar con nadie.
Planteándome la situación que supondría inundarte en aguas de placer. Imaginando
cómo encajaría en mis memorias poner a prueba tu cuerpo frente al mío.
Sin que la integridad de toda una historia ocurriera, te negarías,
y no faltaría la ofrenda verbal de un consuelo.
‘’pues pellízcame, y dime que ha sido la mera realidad. Yo solo quiero vivir en un sueño’’.
¿Sabes de qué forma dos delfines se alinean para crear la palabra amor?
Pregúntale al suelo que dejó sentarme esta noche. Pregúntale
al colchón que os da forma,
a los muelles que os devuelven los saqueos envueltos por gemidos, los que evitan la ruptura
del silencio por parte del corazón apresado, cimentado en el fondo de un colchón
que, sin saber por qué, sigue latiendo.