laureano
Poeta que considera el portal su segunda casa
Entre arboles y palomas
Se sienta en el banco de la plaza entre arboles y palomas, posa su mano derecha en su cara y piensa en una mujer dulce y tierna que lo flecho con la miel de sus ojos una tarde repleta de sol y cubierta de pajaros que silbaban petalos de amor.
La gente lo mira instantes, luego se marcha a su barrio y el sigue solo pensando en esa mujer y el sol marchita sobre su sombra gigante. La luna renace acariciando su cuerpo, besando su cara y su boca, curando sus ojos, regando su pelo con agua de noche. De pronto una mujer con rayos de flor perfuma el ambiente con nectar, lo llena de risa, lo llena de luz con sus farolitos de miel. El se arrodilla ante los pies de esa mujer que es la misma mujer que lo flecho esa tarde con miel de sus ojos. Declarandole su amor.
Se sienta en el banco de la plaza entre arboles y palomas, posa su mano derecha en su cara y piensa en una mujer dulce y tierna que lo flecho con la miel de sus ojos una tarde repleta de sol y cubierta de pajaros que silbaban petalos de amor.
La gente lo mira instantes, luego se marcha a su barrio y el sigue solo pensando en esa mujer y el sol marchita sobre su sombra gigante. La luna renace acariciando su cuerpo, besando su cara y su boca, curando sus ojos, regando su pelo con agua de noche. De pronto una mujer con rayos de flor perfuma el ambiente con nectar, lo llena de risa, lo llena de luz con sus farolitos de miel. El se arrodilla ante los pies de esa mujer que es la misma mujer que lo flecho esa tarde con miel de sus ojos. Declarandole su amor.
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