Alex Courant
Poeta adicto al portal
[FONT="]
Niña, te cuento:
Tuve un hondo dolor,
tan hondo como el silencio.
Las estrellas gemían en el aire
como estatuas desgajadas
en una ciudad de mil rostros.
Me fui caminando por el sendero.
Peregrino sin ojos.
Viajante sin rumbo.
Días sin años, años sin vida.
Fui gastándome de pasos
de aliento y de manos.
Fui perdiéndome
por dentro y por fuera
de las altas dunas,
atravesando, jadeante,
la inmensidad de las distancias.
Fui y regrese en círculos
por el orbe infinito
de mi propia sombra.
Dando tumbos aquí y allá,
con arena en los zapatos,
con la ropa hecha jirones,
los buitres mortuorios
ya acechaban mi carne.
Niña, te cuento:
Tuve un hondo dolor,
tan hondo como el silencio.
Hasta que entre desiertos de la noche,
tu clara y nítida voz
se me develo como agua.
Niña, te cuento:
Tuve un hondo dolor,
tan hondo como el silencio.
Las estrellas gemían en el aire
como estatuas desgajadas
en una ciudad de mil rostros.
Me fui caminando por el sendero.
Peregrino sin ojos.
Viajante sin rumbo.
Días sin años, años sin vida.
Fui gastándome de pasos
de aliento y de manos.
Fui perdiéndome
por dentro y por fuera
de las altas dunas,
atravesando, jadeante,
la inmensidad de las distancias.
Fui y regrese en círculos
por el orbe infinito
de mi propia sombra.
Dando tumbos aquí y allá,
con arena en los zapatos,
con la ropa hecha jirones,
los buitres mortuorios
ya acechaban mi carne.
Niña, te cuento:
Tuve un hondo dolor,
tan hondo como el silencio.
Hasta que entre desiertos de la noche,
tu clara y nítida voz
se me develo como agua.
::